1 de marzo de 2012

De la hojarasca a la esperanza


Escuchar a Katia Cardenal es viajar por la nostalgia, por las pasiones, por el amor y sus consecuencias…  

Escuchar a Katia Cardenal -en vivo- es sentir que su voz es tu voz y que te va llevando despacito hacia un bosque, hacia el colibrí, hacia la tierra húmeda, fértil de caricias y de volcanes, hacia un terreno dócil en donde los héroes son guardabosques y los delfines más civilizados que los humanos.  

El Ismaelillo fue un compañero de viaje extraordinario.  Desde nuestras butacas perfectas junto al escenario de un acertado concierto acústico, volamos, cantamos, lloramos y nos abrazamos en todas las canciones que celebraban el amor de madre e hijo. “Amor mío, niño mío, amor mío, deja que te cante, dame una sonrisa que no hay alegría más grande en la vida que poderte amar…”

El concierto abrió con Hojarasca y precisamente la escuchaba en el carro esa tarde.   Hay momentos en que la hojarasca se acumula recia y hay que limpiar los desagües para que todo fluya mejor.  Esa canción siempre me lo recuerda.  

Nos llevó Katia por el dolor de la pérdida, como la de su hermano Salvador a dos años de su partida, la del desamor, la de un mundo lacerado, la de la Tierra herida, la del hombre enajenado…   Pero también no asomó a la esperanza del Guerrero del amor, la de la Casa abierta, la de Mi luna y  de tantas batallas honestas que mantienen a la mariposa frente al huracán, aún con sus Alas rotas.  Fue mágico también escuchar al público hacerle coro en Dale una luz, sobre todo cuando al final sustituyó su natal Nicaragua con el estribillo “Dale una luz a este pueblo que ama tanto vivir en Puerto Rico”.  Esto último nos hizo llegar a las lágrimas a todos los que amamos tanto vivir en esta Isla a pesar de que cada día está más convulsa y enferma.  Enferma de mal amor.

Cuando el sueño parecía culminar, una ovación la devolvió al escenario y Katia se creció aún más cantando a capela Aunque no fuera para mí- “…en esta mi locura de querer una sola mirada tuya, una sola sonrisa tuya, aunque no fuera al cabo para mí…”  Solo alguien que ha amado mucho es capaz de interpretar esa desgarradora letra de un modo tan intenso.  Eso quisiera vivir en mi Patria, la ilusión de la prosperidad humana, aunque no sea al cabo para mí.

2 comentarios:

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Celebro tu vuelta, Isa.

Excelente homenaje.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

me la perdí.