21 de enero de 2011

Desvelo en familia

1:30 am, mi hijo abre la puerta de mi cuarto y me informa que está desvelado. I know the feeling. No me despertó, también estaba desvelada. ¿Será esto genético?

Son las 3:20 am y seguimos despiertos… Ya tomamos agua, comimos tostadas, leímos, conversamos, planificamos su cumpleaños (para el que aún faltan 10 meses) y tomamos una foto de la ciudad a esta hora.

¡Queremos dormir!
Ya no se me ocurre nada más que preocuparme porque en la tarde él se dormirá en su clase y yo en mi reunión…

20 de enero de 2011

Para esto hay que nacer…

La prensa local reseñó hoy la noticia de dos policías que arrestaron a un individuo por una infracción de tránsito. Hasta ahí parece cosa de todos los días, pero sucede que el conductor se puso nervioso y confesó al instante que tenía en el auto más de un millón de dólares (EN EFECTIVO!!) y ofreció dividirlo en partes iguales con los agentes.

Ante el ladrido insistente del perro de la policía (válgame, que yo también hubiese ladrado), investigaron y efectivamente, encontraron $1,178,000, dinero que aparentemente proviene del narcotráfico.


Todos estos datos solitos no me hubieran llevado a reseñar aquí el asunto. Lo que verdaderamente me estremeció fue la reacción de los dos miembros de la División de Información Criminal de San Juan, de 26 y 31 años:

- “Para esto hay que nacer. Tienes que tener tus valores bien puestos. Si estás en la calle bregando con lo que bregamos nosotros, tienes que tener tu mente 100% en el trabajo. Una vez forjas unos valores y unos principios, siempre me dejo regir por eso. No hay cantidad que me paguen a mí, porque quiero seguir trabajando. Esto es mi vida”.

- “Son valores que desde niño a uno le enseñan en la familia. Si no es tuyo, no es tuyo. Este es tu trabajo y tu vida”.

Estamos tan acostumbrados a la corrupción, no solo policiaca, sino institucional en todos los niveles, que resulta un verdadero aliciente saber que quedan servidores públicos íntegros, dispuestos a demostrar un compromiso honesto y responsable con el país.


¡Gracias!  ¡Qué sean más los buenos que los malos!

16 de enero de 2011

Mundo real


La prensa británica informó el suicidio de una mujer. Un medio anglo, particularmente sensacionalista, anunció con relevancia que la víctima comunicó sus intenciones a través de la red social Facebook, pero nadie la detuvo.

Simone Black, de 42 años, tenía 1,082 amigos. Amigos cibernéticos. Amigos de Facebook.

Se indicó que Black estaba deprimida y la noche de navidad escribió en la red una breve nota de despedida. Muchos la ignoraron, otros se mofaron, dudaron, cuestionaron y alguno se indignó. Todo por escrito en una página semi pública.

La madre de la mujer se pregunta con pesadumbre porqué ninguno hizo nada. Simone tenía tantos amigos.

En la novela de Rosa Montero Instrucciones para salvar el mundo, uno de los personajes vive una doble y arrojada vida a través de un mundo imaginario llamado precisamente “Second life”. Refugiado en él todo parecía mejor; todo era posible.

Facebook provoca esa falsa sensación de compañía. Es agradable pensar que a cualquier hora, cualquier día, un millón de amigos estará esperando para apoyar, celebrar, recordar, persuadir o disuadir, según sea necesario, y esa fórmula supone un bienestar infalible.

Reconozco que el mundo cibernético tiene incontables méritos, que las redes sociales han revolucionado el campo de la comunicación y que también tengo cuenta en Facebook.

Justamente por eso establezco el contraste, porque el contacto cibernético, con todas sus bondades, descansa en la plataforma de lo virtual; opera en lo aparente, pero no sustituye lo real. Es ilusión en su mejor manifestación, sin dejar de ser un supuesto.

Es válido, útil y hasta placentero disfrutar de las posibilidades de interacción y comunicación de Facebook o cualquier otra red, el inconveniente surge cuando se suplantan las relaciones interpersonales, cuando el contacto se subordina a un teclado.

Lo resume un comentario que dio al Daily Mail el representante de una asociación que combate la depresión. El hombre plantea que la noticia invita a meditar sobre la triste realidad de nuestra sociedad, “porque la gente tiene que tener amigos en el mundo real”.

9 de enero de 2011

Two lovers

Un emotivo drama sobre el amor y el desamor. Este complejo campo de las relaciones afectivas no se agota, hay mil tratamientos sobre el tema en el cine y en las demás ramas del arte, pero nada como la vida misma…

Two lovers es la historia de Leonard, un hombre que luego de una crisis aguda regresa a vivir con sus padres y de manera consecutiva aparecen dos mujeres en su vida; Sandra, la encantadora y hermosa hija del nuevo socio del negocio de lavandería de su familia, y Michelle, una vecina de belleza seductora, pero atribulada por un complicado conflicto amoroso.

Leonard se debate entre una relación cómoda con Sandra que, además de satisfacer a su familia, lo protege de los riesgos que su padecimiento ya presupone, y otra relación ambigua, indescifrable, absolutamente intensa y que lo vulnera hasta los límites, con Michelle, quién a su vez deambula entre sus propias tinieblas de incertidumbre.

En medio de su encrucijada, Leonard es sigilosamente observado por el ojo protector de su madre; mujer/ancla con la misión incondicional de rescatarlo de una existencia a la deriva.

La agraciada caracterización de los personajes y la sublime proyección visual de las emociones logra que la historia supere los lugares comunes inherentes al clásico triangulo amoroso. Una acertada dosis de suspenso permite que el espectador supere las instancias más lentas de la trama y consigue que los momentos fundamentales no sean predecibles.

Su final arrollador logra transitar desde el dolor más angustioso hasta la posibilidad que resguarda una intención genuina de restauración.

Es una película dolorosamente hermosa.

8 de enero de 2011

Esa antigua tristeza

Hace algunos meses, en julio específicamente, el amigo escritor José Borges presentó en San Juan su novela Esa antigua tristeza. Tuve el privilegio de comentar la obra, claro está, con las debidas precauciones de no delatar los enigmas y entramados que el autor hábilmente armó en el desarrollo de la historia. Comparto lo que leí esa noche:

Comienzo con una admisión que no parecería pertinente al tema, pero les aseguro que sí lo es: me gustan las películas de niños. Y me gustan, no porque lleve una niña por dentro, que sí, que la llevo, sino porque tengo la teoría de que están hechas para adultos y los niños, incidentalmente, también las disfrutan.

Hago esta mención porque cuando leí por primera vez el título de la novela de José Borges: Esa antigua tristeza, me acordé de la famosa película de Shrek, que se desarrolla en un entorno particular: el Reino de Muy, Muy lejano.

Y eso fue lo que de entrada me evocó el nombre: una TRISTEZA AGUDA, de tiempos muy, muy lejanos. Y no una tristeza, sino “esa” tristeza, esa nostalgia de ORIGEN REMOTO que, curiosamente, sigue presente, como sucede con muchas angustias: perdura.

En esta novela hay planteamientos éticos muy serios. De hecho, yo me topé con uno personal a la hora de escribir esta presentación: ¿Cómo les cuento lo que quiero contarles sin revelar lo que no debo revelar: el secreto de Eleazar, su mayor temor y el final de la obra?

A ver, lo voy a intentar.

Esto será una síntesis, o como prefiero llamarlo: un aperitivo sabroso. Con él pretendo seducirles el paladar para que disfruten entonces del plato fuerte que es el libro.

José Borges sabe contar. Y uno de los aciertos de esta novela es precisamente esa habilidad narrativa. Esta historia se ha hilvanado puntada a puntada, en capítulos breves que se entrelazan, se abrazan, se bifurcan y se vuelven a unir; a veces, de modo casual, y otras veces desde la ficción más insospechada.

Sí, hay una conjunción de géneros, como destacó en su síntesis (en la contraportada del libro) Luis López Nieves. Hay elementos realistas, entre los que incluso podemos reconocernos, entre los que podemos ver reflejada nuestra propia cotidianidad, nuestro mejor semblante o esa sonrisa traviesa que se nos escapa en momentos de complicidad, o quizás de manera más arriesgada, podemos reconocer en Esa antigua tristeza nuestra propia miseria, esa de la que queremos escapar, como escapan Eleazar y Brommer, y hasta la propia Maureen en algún momento.

También hay elementos fantásticos, que le producen inquietud al lector, porque arrojan al ruedo un elemento sobrenatural, contrario al orden establecido y eso sorprende. De hecho, hay quien nombra el género fantástico como subversivo por el modo en que VULNERA LA REALIDAD. Y aquí, en esta obra, también se vulnera.

Hay, además, componentes de ciencia ficción, que se dan en el supuesto de un marco, un espacio temporal imaginario o especulativo. Como cuando en el capítulo 4, Eleazar, atrapado en un entorno que apenas reconoce, decide releer Cándido o el optimismo. (Y cito) “Este —dijo el mendigo con el libro en la mano–. Hace siglos que no lo leo”. Recuerden esta cita.

La novela de Borges, de José Borges, es, supongo que a propósito, irreverente. Su protagonista es cínico en todos sus referentes religiosos, es además rebelde (me atrevería a decir que es un rebelde con causa). En su andar largo, larguísimo, no deja de reclamarle a Dios y de adjudicarle responsabilidad por su desdicha. Y lo digo en singular, desdicha, porque a pesar de que son muchos sus pesares, el origen es el mismo; (a su juicio) una mala pasada que Dios le ha hecho.

Dijo Saramago, hablando sobre su novela Caín: “Dios no es de fiar”. Lo dijo y se sostuvo, al punto que literariamente redimió a Caín. Y no habla Borges de Caín, ni de Abel, ni siquiera de Adán y Eva. Pero habla de Eleazar y de “El Caldero de Dios”, la entidad que socorre al mendigo y que no resulta ser lo que parecía. Y habla de los temores y de las inseguridades, y de lo que el protagonista (y quizás también el autor) consideran exageraciones espirituales.

Habla Borges también de la muerte, se acerca a ella con diversas miradas: la insensible, la científica, la física, la sufrida, la esperada, la que llega… y hasta la que no llega.

Si hay muerte es porque hubo vida, así que también se habla de la vida, de la existencia y de la supervivencia. Y en ese ciclo de la vida hay un matrimonio que tiene las altas y bajas que por definición supone el acto de matrimoniarse. Hay ganancias y pérdidas. Hay un mendigo que huye y un especialista en informática que también huye. Y aunque andan juntos, huyen por razones diferentes. Brommer, que es el especialista, experimentaba, como también experimentó José Borges, la ficción de trabajar en algo que no le apasionaba.

Así que, además de la huida física, llevaba una FUGA EMOCIONAL provocada por la rutina, por los compromisos ineludibles y por su hastío laboral. Esa huida no se daba en el vacío, era movida por la búsqueda de experimentar lo que ya otros habían hallado. Y eso podría resumirse en dos libros o en dos palabras: PURA VIDA.

 “Esa antigua tristeza”, la novela, habla de todo lo que se da en el espacio intermedio entre la vida y la muerte: el amor, las intrigas, la pasión, la cena apresurada, las conferencias aburridas, la tentación, el poder, la salud, la corrupción, la enfermedad, la cura, el rescate, la redención.

El escenario físico protagónico es Seattle. O las múltiples caras de Seattle: un hotel, un cyber-café, unos callejones oscuros, unas azoteas homogéneas, un sótano, un laboratorio, la sede de una próspera compañía multinacional, un apartamento que resguarda y que delata, y hasta el Seattle de los amigos, de la complicidad y del detonante para el amor.

La novela te lleva como una montaña rusa: tan pronto arranca comienza a tomar velocidad y esta se intensifica gradualmente hasta que en un momento dado estás a merced del texto y no lo sueltas porque no puedes y te conviertes en aliado del mendigo y piensas que lo estás viendo todo suceder frente a ti, como si estuvieras en el cine y las letras se transformaran y las palabras ahora son personajes que se suceden uno al otro en la pantalla y te deslizas cómplice en tu silla para que no te vean y no se detengan y sepas de una vez y por todas cuál será el desenlace. Entonces el carrito comienza a descender por la montaña rusa y baja con sutileza y llega a su destino y finalmente detiene su movimiento porque ha quedado exhausto. Y tú te bajas extasiado, seguro de que ahora sabes algo que otros no saben y ese es tu secreto, pero te volteas y miras ese carrito de la montaña rusa que dejaste allí detenido y te parece que cobra vida, una vida que nunca se va a agotar, porque le toca comenzar de nuevo la carrera con otros pasajeros que no se imaginan la aventura que les espera.

Ese carrito es el texto y es Eleazar, el mendigo, y será tal vez alguno de nosotros, quién sabe…

Lo que sí sé es que cuando termine esta novela usted: meditará sobre su carrera laboral, reconsiderará el matrimonio, sospechará de las compañías multinacionales, dará limosna a los mendigos, repasará algunos textos bíblicos, quizás no quiera ir nunca a Seattle, pero sí se aventurará a escudriñar mejor los rostros nuevos, tal vez se lleve una sorpresa.

La cantante nicaragüense, Katia Cardenal canta una canción hermosa que se llama “Regresando por más”. Y tomando ese título, les aseguro que cuando terminen de leer “Esa antigua tristeza” ustedes querrán regresar por más. Esperamos que Borges los complazca.

¡Que la disfruten!