4 de diciembre de 2011

Oda al golpe

"La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo".
Eduardo Galeano

¿Boxeo de nuevo?  Lo lamento, pero este asunto parece no tener fin!!  

La locura colectiva que genera en Puerto Rico el boxeo, promovida, hasta la saciedad,  por los medios de comunicación, se ha convertido es un asunto absurdo.  Estoy harta de que me atosiguen a los dos peladores de turno en prensa, radio, TV, vallas publicitarias y ahora para colmo también en el cine y en pantallas con la cartelera en los restaurantes.  Cotto y Margarito me salen hasta en la sopa.  Y lo digo de manera literal. 

¿Puede ser peor?  Sí.  Ambos generan noticia de la manera más primitiva.  Se amenazan, se insultan, prometen fango y demuestran que sí son capaces de enlodarse, ofrecen sangre y se ocupan de brindarla.  Cacarean a coro, fruncen el ceño y proponen destrozarse mutuamente.  La multitud está de plácemes.  Qué dadivosos son esos dos con su público, cuánto morbo son capaces de ofrecer en medio de una trampa de la que ellos son, de manera contradictoria, víctimas y victimarios.

¿Cuánto placer puede derivar el lucrarse de la ignorancia? ¿Cuántos millones corren paralelos en medio de este proyecto bestial disfrazado de deporte?  ¿Qué motiva a priorizar un titular mediocre sobre uno inteligente, o una noticia frívola sobre una trascendental?  ¿Hay tal cosa como ganar una pelea?  ¿Se gana?  ¿Quién gana, quiénes ganan?  Mas bien son muchos los que han perdido.  Antes me daba pena con Cotto, pero ya no.  Ahora solo me dan lástima los miles que levantan la voz para reclamar golpes más duros. 

El país se nos pudre en la mano.  La cifra de asesinatos es vergonzosa.  La muchedumbre le exige al gobierno que detenga la violencia en las calles, que quieren dormir seguros.  Reclaman la paz.  Mientras, le piden a viva voz a Cotto que destroce a Margarito, que le dé sin compasión, que acabe y le enseñe a ese bocón quién es el bravo.  Y esa pobreza de juicio la prensa la reproduce gustosamente como otro más, desde una silla en el “ring side”. Golpe a golpe, sin versos.

Suerte que tenemos el boxeo para apaciguarnos. Suerte que tenemos la prensa, que tras un impulso de generosidad nos recuerda que somos capaces de lograrlo, que ser boricua bestial es una meta que ya, en muy poco tiempo, habremos conquistado.  Buen motivo para celebrar.  

4 comentarios:

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Querida Isa:

Te recomiendo que escuches la maravillosa canción de Simon & Garfunkel " The Boxer "- El boxeador -. La canción es una especie de homenaje a todos aquellos que han luchado por el triunfo, pero se han quedado en el camino, sin otro botín que las magulladuras recibidas en la lucha. El haber elegido un boxeador para representar este proceso se debe a que se trata de un oficio - yo no lo llamaría deporte - en que queda directamente al descubierto lo que en otros se encubre eufemisticamente.; es decir, la lucha como medio de subsistencia ( y en ello se insiste en el último verso ).

Un beso.

Torcuato dijo...

Creo que lo único que se puede hacer contra estos espectáculos dantescos es no secundarlos. Las protestas no sirven para nada si la gente se gasta su dinero en las canchas.
Besos, Isa.

RAFAEL H. LIZARAZO G. dijo...

Hola, Isa:

La violencia, al igual que la guerra, es un lucrativo negocio para los promotores de espectáculos y/o traficantes de armas.

Desde enero hasta diciembre
pasa el año y se termina,
pero mi vida es alegre
pues tu amistad la ilumina.

Un abrazo.

Isa dijo...

Amigo, buscaré la canción. Es cierto, este medio es un modo pedestre para salir a flote. Es una vía idealizada de superación.

Torcuato, hubo un tiempo en que a los espectáculos importantes de televisión, esos que generaban gran audiencia, se lanzaba alguien sin ropa para llamar la atención y las cámaras los seguían y lograban sus 5 minutos de fama. Un gran día las cámaras dejaron de grabarlos y en los noticiarios no se volvieron a mencionar y se los llevaban policías muertos de risa para que pasaran un rato a solas en una celda. No he sabido de ningún caso nuevo, se les acabó el negocio.

Rafael, sabes de lo que hablas porque he visto en tus poemas lo que sufres por Colombia. Comparto tu esperanza. Gracias por los versos!

Besos. Isa