24 de noviembre de 2011

Diez años y tres segundos

– ¿Por qué esa prisa? –Preguntó Eugenio con aprensión –¿Cuánto tiempo te tomó llegar a esa decisión, tres segundos?


–No –respondió Ana –diez años y tres segundos.


Fragmento de la novela Te veré esta noche
(Tesis retomada)

2 comentarios:

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

El tiempo se habrá detenido, Isa. Los días a los días serán iguales, las noches a las noches. La puerta al mundo abierta de nuevo, el trabajo automático, la presentadora genial...
Aunque habrá signos de que fuera el tiempo sigue pasando, signos que hieren...
Los programas de televisión cuyos detalles vuestra complicidad registraba ( el gesto del presentador en el pliegue de un segundo, su voz en una frase, el guiño escondido descubierto ) pertenecerán al pasado. Irán apareciendo nuevos, reclamando un comentario que no llega, un hallazgo que no es compartido, las risueñas repeticiones acalladas. Pasará el tiempo ahí fuera, Isa. Ocurrirán cosas que la televisión, permanente narcótico, registrará ( el consuelo de las noticias, los presentadores amigos, mas no la música, que fue inventada para afirmar la soledad del hombre...)
Todo tiene su reloj, su hiriente calendario...


Un beso.

Isa dijo...

El tiempo, tal y como lo interpretó Pablo Milanés, siempre nos marca.
“Cada paso anterior deja una huella
que lejos de borrarse se incorpora
a tu saco tan lleno de recuerdos
que cuando menos se imagina afloran…”

Ahora, partiendo de que ya se ha creado una huella, debemos entonces aprender a construir sobre esa cimiente. Esa es la clave; no se descarta lo vivido, sino que se incorpora.
En una exposición de arte le preguntaron al artista Rafael Tufiño cuánto tiempo le había tomado pintar una obra, que a todas luces reflejaba un dominio magistral sobre el lienzo.
-Toda la vida –contestó el pintor.

Una acción de tres segundos, puede ser precedida por una reflexión de 5 minutos o por una de 10 años.