30 de abril de 2011

A nadie le importa

Las balas perdidas siguen perdidas. Nadie habla. Nadie cuenta. Nadie vio. Nadie confiesa. Una madre compartía en la prensa su tribulación desde la más absoluta impotencia: “a nadie le importa”.

Un cuento de Leone Battista Alberti narra el lamento de un perro de caza que, atado con una cadena observaba a otros perros torpes holgazanear con libertad.

Ante tal circunstancia se preguntaba entonces si no resultaba preferible ser alguien sin talento.

Atribula llevar puesta la cadena de solidaridad, de la disposición a la denuncia, del compromiso para cambiar el País. Es más fácil ampararnos en que para allá no hay que mirar. Estamos tan amedrentados que solo optamos por salvaguardarnos nosotros; que cada quién busque su propia guarida.

El problema podría resultar aún más complejo. Usted, que lee ahora esta columna, probablemente sí estaría dispuesto a la denuncia, pero no habla porque no sabe nada, porque tampoco entiende lo que está pasando, porque también ha sido víctima de la pérdida de la libertad. Porque también está encerrado tras un portón con un enorme candado y rejas alrededor de todas las ventanas, mientras tantos otros, los que no le tienen el mínimo respeto a la vida, holgazanean libremente y nos arrebatan las calles que ya no nos pertenecen. Nos han encerrado ellos a nosotros, nos han puesto tras las cercas del miedo, de la pérdida y la desolación. Nos han dejado preguntándonos, como el perro de caza, si no sería mejor que no tuviéramos talento, que no asumiéramos la dignidad, que nos acostumbráramos a lo mediocre, que viviéramos en la abundancia de la escasez.

Es todavía peor. Hay tantos cómplices en puestos prominentes, pavoneándose con arrogancia, sin recato ni disimulo, desde altas esferas en las que afinan su asecho. Malhechores de cuello blanco que esconden la mano siniestra y mienten descaradamente. Exhiben sonrisas perversas que esquivan, con asombrosa destreza, el cuchillo afilado que llevan oculto dentro de su boca. Se regodean sueltos, sin cadenas. Son partícipes del gozo a cuenta de que seamos nosotros los que quedemos presos.
Claro, si a nadie le importa.

Publicado el 26 de abril de 2011
http://www.elnuevodia.com/columna-anadieleimporta-949728.html

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