18 de febrero de 2011

Pillos y policías

Una de las costumbres más saludables que aprendí de mi familia, y que trato de emular en la crianza de mi hijo, es la de comer a la mesa.

Los beneficios de esa práctica se extienden más allá de los alimenticios, las conversaciones que se promueven en ese espacio me permiten explorar su mundo sin ser invasiva, saber qué piensa a medida que crece, conocer sus preocupaciones y compartir sus alegrías.

Entre bocado y bocado descubro a quiénes considera mejores amigos, las materias que prefiere y los inconvenientes con los que lidian los estudiantes de segundo grado.

En esa etapa el desarrollo lúdico, EL JUEGO, toma gran relevancia. Los expertos exponen que apoya el desarrollo físico, tiene propósitos pedagógicos y estimula el proceso cognitivo, afectivo y emocional. También desarrolla la creatividad y permite que se demuestre comprensión del entorno.

A través del juego los niños manifiestan su interpretación de la realidad. Eso explica que surjan juegos nuevos vinculados a la situación social del país.

Fue en una sobremesa que me enteré de la nueva modalidad del desgastado juego de pillos y policías. Mi hijo me contó que ya en la escuela no jugaba a pillos y policías porque un amigo le ensenó una mejor versión: estudiantes y policías.

Me explicó que el juego era similar, pero que en vez de perseguir a los pillos, los policías ahora perseguían a los estudiantes de la universidad.

¿Los estudiantes ahora son los pillos?, pregunté aterrada. Su respuesta contundente fue que no, era solo que ahora los policías los perseguían a ellos, pero que no me preocupara, que los estudiantes eran rápidos y listos y que nunca los lograban atrapar.

Durante el “nuevo juego” los estudiantes gritaban “¡queremos estudiar, queremos estudiar!” y corrían a esconderse mientras los policías hacían malabares para encontrarlos.

Luego me explicó que los policías no siempre quieren perseguirlos, pero “es que los mandan y ellos siguen instrucciones”. El chico se paró de su silla y no se dio cuenta de que yo seguía pegada a la mía.

No creo que sea necesario explicar nada más.

2 comentarios:

ZeUgly dijo...

Ismael es más inteligente que el individuo que vive al final de la Calle Fortaleza. ¡Dios lo bendiga!

Cori

Isa dijo...

Ja, ja, uno no deja de sorprenderse de la manera que tienen los chicos de interpretar la realidad del país. Creo que es la mejor síntesis que he escuchado de la situación de la UPR…
Un abrazo