16 de enero de 2011

Mundo real


La prensa británica informó el suicidio de una mujer. Un medio anglo, particularmente sensacionalista, anunció con relevancia que la víctima comunicó sus intenciones a través de la red social Facebook, pero nadie la detuvo.

Simone Black, de 42 años, tenía 1,082 amigos. Amigos cibernéticos. Amigos de Facebook.

Se indicó que Black estaba deprimida y la noche de navidad escribió en la red una breve nota de despedida. Muchos la ignoraron, otros se mofaron, dudaron, cuestionaron y alguno se indignó. Todo por escrito en una página semi pública.

La madre de la mujer se pregunta con pesadumbre porqué ninguno hizo nada. Simone tenía tantos amigos.

En la novela de Rosa Montero Instrucciones para salvar el mundo, uno de los personajes vive una doble y arrojada vida a través de un mundo imaginario llamado precisamente “Second life”. Refugiado en él todo parecía mejor; todo era posible.

Facebook provoca esa falsa sensación de compañía. Es agradable pensar que a cualquier hora, cualquier día, un millón de amigos estará esperando para apoyar, celebrar, recordar, persuadir o disuadir, según sea necesario, y esa fórmula supone un bienestar infalible.

Reconozco que el mundo cibernético tiene incontables méritos, que las redes sociales han revolucionado el campo de la comunicación y que también tengo cuenta en Facebook.

Justamente por eso establezco el contraste, porque el contacto cibernético, con todas sus bondades, descansa en la plataforma de lo virtual; opera en lo aparente, pero no sustituye lo real. Es ilusión en su mejor manifestación, sin dejar de ser un supuesto.

Es válido, útil y hasta placentero disfrutar de las posibilidades de interacción y comunicación de Facebook o cualquier otra red, el inconveniente surge cuando se suplantan las relaciones interpersonales, cuando el contacto se subordina a un teclado.

Lo resume un comentario que dio al Daily Mail el representante de una asociación que combate la depresión. El hombre plantea que la noticia invita a meditar sobre la triste realidad de nuestra sociedad, “porque la gente tiene que tener amigos en el mundo real”.

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