16 de diciembre de 2011

Bridge Over Troubled Water


Mi amigo mortal me sugirió escuchar la canción The Boxer, del fantástico dúo Simon & Garfunkel.  Escuché la canción y coincido con su apreciación vinculada a la entrada “Oda al golpe” (gracias).  Pero también escuché esta magnífica interpretación que hoy comparto.  Ya se la había escuchado antes a Elvis, pero me quedo con Garfunkel.  Mejor aún, me quedo con quien  me regaló ese viaje al cielo en plena carretera.  I’ll be your Bridge Over Troubled Water 



Lo más fácil

El Ismaelillo  tiene una manera muy particular de comprometerme…  Me informó que debía llevar “sándwiches de mezcla” para la merienda de navidad de su salón.  

Enseguida protesté: “Isma, ¿no había algo menos complicado que pudieras llevar?”

Y él: “No, mami, eso era lo más fácil.  Créeme, lo demás sí era complicado: vasos, servilletas, platos, tenedores… imagínate…”

“Ahhh, menos mal!!” contesto.  “¿Por casualidad tienes algo más en mente?”

“Sí´ responde con una sonrisa “deben ser en forma de dinosaurio…”

La madre procrastina, pero los dinosaurios finalmente aparecen.  A las 5:00 am salen de la cueva prehistórica y husmean buscando a quien devorar.  Los pobres, no se imaginan que serán ellos los devorados.  La verdadera historia de su extinción se debe a un ataque feroz de implacables pre adolescentes hambrientos.  Cualquier otra cosa que digan los libros es puro invento.


4 de diciembre de 2011

UTOPÍA


Creo en la utopía.  Creo que algo mejor es posible. Dice Galeano que la utopía sirve para caminar.  Pues eso he hecho todo este tiempo; caminar.  Y de tanto andar creo que ya la voy alcanzando.

"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".
Eduardo Galeano

Oda al golpe

"La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo".
Eduardo Galeano

¿Boxeo de nuevo?  Lo lamento, pero este asunto parece no tener fin!!  

La locura colectiva que genera en Puerto Rico el boxeo, promovida, hasta la saciedad,  por los medios de comunicación, se ha convertido es un asunto absurdo.  Estoy harta de que me atosiguen a los dos peladores de turno en prensa, radio, TV, vallas publicitarias y ahora para colmo también en el cine y en pantallas con la cartelera en los restaurantes.  Cotto y Margarito me salen hasta en la sopa.  Y lo digo de manera literal. 

¿Puede ser peor?  Sí.  Ambos generan noticia de la manera más primitiva.  Se amenazan, se insultan, prometen fango y demuestran que sí son capaces de enlodarse, ofrecen sangre y se ocupan de brindarla.  Cacarean a coro, fruncen el ceño y proponen destrozarse mutuamente.  La multitud está de plácemes.  Qué dadivosos son esos dos con su público, cuánto morbo son capaces de ofrecer en medio de una trampa de la que ellos son, de manera contradictoria, víctimas y victimarios.

¿Cuánto placer puede derivar el lucrarse de la ignorancia? ¿Cuántos millones corren paralelos en medio de este proyecto bestial disfrazado de deporte?  ¿Qué motiva a priorizar un titular mediocre sobre uno inteligente, o una noticia frívola sobre una trascendental?  ¿Hay tal cosa como ganar una pelea?  ¿Se gana?  ¿Quién gana, quiénes ganan?  Mas bien son muchos los que han perdido.  Antes me daba pena con Cotto, pero ya no.  Ahora solo me dan lástima los miles que levantan la voz para reclamar golpes más duros. 

El país se nos pudre en la mano.  La cifra de asesinatos es vergonzosa.  La muchedumbre le exige al gobierno que detenga la violencia en las calles, que quieren dormir seguros.  Reclaman la paz.  Mientras, le piden a viva voz a Cotto que destroce a Margarito, que le dé sin compasión, que acabe y le enseñe a ese bocón quién es el bravo.  Y esa pobreza de juicio la prensa la reproduce gustosamente como otro más, desde una silla en el “ring side”. Golpe a golpe, sin versos.

Suerte que tenemos el boxeo para apaciguarnos. Suerte que tenemos la prensa, que tras un impulso de generosidad nos recuerda que somos capaces de lograrlo, que ser boricua bestial es una meta que ya, en muy poco tiempo, habremos conquistado.  Buen motivo para celebrar.  

29 de noviembre de 2011

Verde que te quiero verde



Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

Fragmento de Romance sonámbulo
Federico García Lorca

27 de noviembre de 2011

Noche estrellada

En 1889, Vincent Van Gogh pintó la obra Noche estrellada. Y lo hizo mientras se encontraba recluido en un clínica de salud mental, víctima de una profunda depresión. La técnica de Van Gogh parece convertir el cielo en un gran remolino de luz y color. Un cielo nocturno vivo, entusiasta.

¿Cómo se puede pintar de un modo tan genial mientras el espíritu sufre, mientras la mente acongojada recibe golpes de dolor? Presumo que el ingenio se impone a la pesadumbre, aunque en su caso finalmente la pesadumbre lo derrotó. Pero la noche, esa maravillosa noche estrellada, logró trascender de manera insospechada. 

El cielo nocturno surte ese efecto. Una noche estrellada puede ser mágica; lo mismo se derrama festiva sobre el lienzo de un artista perturbado del siglo XIX, lo mismo se apropia de un rincón diminuto y lo expande hasta hacerlo parecer infinito, lo mismo se te queda en el recuerdo y se te convierte en sonrisa. 

Ese poder tiene una noche estrellada.

24 de noviembre de 2011

Diez años y tres segundos

– ¿Por qué esa prisa? –Preguntó Eugenio con aprensión –¿Cuánto tiempo te tomó llegar a esa decisión, tres segundos?


–No –respondió Ana –diez años y tres segundos.


Fragmento de la novela Te veré esta noche
(Tesis retomada)

23 de noviembre de 2011

Soy mujer...

"I'm a woman!  We don't say what we want! 
But we reserve the right to get pissed off if we
don't get it. That's what makes us so
fascinating!  And not a little bit scary".
From Sliding Doors

22 de noviembre de 2011

De vuelta

Se acabó el silencio. 
Terminó el grito. 
El tiempo de la canción ha llegado.

3 de agosto de 2011

GRITA


Todo tiene su tiempo.... Tiempo de callar y tiempo de gritar.

10 de julio de 2011

SILENCIO

28 de junio de 2011

What?

26 de junio de 2011

Una noche en el MUSEO

La simpática película Una noche en el museo despertó en el Ismaelillo la grandiosa idea de visitar el MUSEO DE HISTORIA NATURAL DE NY, lugar en el que se desarrolla la historia. Estupendo, pensé, hasta que añadió que había que pasar allí la noche para jugar con REX, un dinosaurio que cobra vida cuando el museo cierra…
 
Las madres hacemos lo indecible por complacer a nuestros hijos, pero el deseo de Ismael sobrepasaba mis posibilidades. Trancé por la promesa de un viaje futuro, lo de pernoctar lo resolvería luego.



No sé cómo he logrado estar cada día más ajorada, el tiempo es cada vez más escaso y la fecha del viaje cada vez más lejana. En medio del recordatorio habitual (por no decir reclamo) de que nos merecemos unas vacaciones (¡premisa con la que coincido!), llegó la oportunidad de un ensayo para lo que podría ser nuestra futura noche de museo en NY.


El Museo de Arte Contemporáneo de PR hizo realidad la posibilidad de una experiencia nocturna en la que los sacos de dormir se convirtieron en protagonistas de una innovadora instalación de la que fuimos parte. Dicho de otro modo: ¡hubo fiesta de pijamas en el MAC!
El “sleepover” de ARTDreams@MAC fue toda una aventura. Los chicos (y los grandes) disfrutamos de la paz nocturna en un espectacular patio interior. Hubo taller de arte, creación de esculturas refulgentes y la producción en conjunto de un gigantesco mural que brillaba en la oscuridad.

Además, narración de cuentos por el personaje Libris, cine al aire libre, un animado karaoke y un original juego de acertijos mediante el cual los niños se familiarizaban con las obras y los artistas participantes de la nueva exposición.
Luego de un intenso itinerario, el grupo (Ismaelillo incluído) logró cumplir su anhelo de dormir en una galería. Todo fue como imaginamos; las bolsas de dormir desplegadas con sutileza a lo largo de un nítido piso en madera, el frío colándose por cada rincón, luz tenue, risas contagiosas de chiquitos entusiasmados y, ya adentrada la madrugada, el eco lejano de unos pasos bruscos que se escuchaban en la distancia… seguro era REX, que inevitablemente recorría su lugar favorito de diversión: ¡EL MUSEO!

18 de junio de 2011

Estaciones vacías

Leo, del poeta chileno Jorge Teillier,
el poemario Los trenes de la noche.

Sus versos me transportan hasta estaciones
que he visitado en noches tristes llenas de incertidumbre.
Leo sobre la agonía de soportar el peso de la noche y sobre párpados cerrados, lunas, relojes, semillas y soledades.
Todos escenarios lastimosamente cercanos.

Un silbido interrumpe el silencio para anunciar la partida.
Así arranca con sutileza y luego con prisa el tren
a su viaje nocturno.
Su silueta avanza y se difumina en la distancia.
A lo lejos todo desaparece.
Se queda sola la estación,
abandonada de trenes y de gente
en la noche vacía.

La nostalgia golpea
 y el mejor refugio es la voz de Pedro Guerra
cantando De menos:

27 de mayo de 2011

Imperecedero señor de la radio

Es mayo, mes de la radio. Decir que la radio fue mi primer amor es cursi, además, es mentira, porque no fue así, pero sí fue mi primera “escuela laboral”, si vale el término. Hice mis estudios en comunicación pública con dos concentraciones; periodismo y relaciones públicas. Parecen una combinación extraña, pero debo señalar que conocer a fondo ambos campos me ha permitido lidiar exitosamente con muchas circunstancias laborales en la actualidad que de otro modo tal vez no hubieran funcionado, quién sabe.

El caso es que por asuntos del destino (¿destino?, ya me tocará hablar del destino en otra entrada), llegué a la radio. Allí tuve el privilegio de conocer de cerca los aspectos sublimes del medio, pero también descubrí horrores que pusieron en perspectiva la vida adulta a la que me enfrentaría de ahí en adelante.

Una de las mejores experiencias que tuve fue la de conocer a quien hoy tanto extraño; mi querido Jesús Vera. Jesús murió en diciembre del 2004, víctima de la maldad de un cáncer, en conjunto con la mediocridad de un médico que durante una emergencia tuvo la oportunidad de salvarlo, pero su propio hastío lo privó de hacerlo. http://elismaelillo.blogspot.com/2007/07/extrao-al-vera.html

En mayo del 2005 escribí una reflexión en torno a él, a propósito del mes de la radio. Le sigo llevando luto a mi amigo; procuro que mi proceder sea regido por la ética, es el mejor homenaje que puedo hacerle.

Hace algún tiempo que no veo a Hidelisa, su viuda, pero la semana pasada, mirando uno de los periódicos del país, me detuve a leer una noticia sobre la batalla que llevan ante el gobierno los familiares de las víctimas de impericia médica. Allí me topé con su rostro aguerrido que me conmovió profundamente. Su expresión de dolor ha seguido intacta por siete años, el sufrimiento sigue instalado en ella desde aquel fatal 3 de diciembre.

Pensé llamarla en ese instante, pero varios días después todavía no logro hacerlo; me falta el valor, me faltan las fuerzas, me faltan las palabras de consuelo y, peor aún, me falta la convicción de que algún día se le hará justicia. En la foto, prominente en tamaño y color, ella muestra una página de prensa que reconozco… es la columna que me publicaron aquel mayo del 2005, con una foto mayúscula de su esposo y que en titulares dice: Imperecedero señor de la radio. 

Aquí la reproduzco:

Jesús Vera Irizarry fue un extraordinario periodista, un gran ser humano y un amigo incondicional. Conocí a Jesús en el 1992, cuando trabajé en Radio 940 am, una de las emisoras de la Corporación de Puerto Rico para la Difusión Pública. La teoría de la que nos inundaba la academia todavía afloraba y la ingenuidad de la juventud me golpeaba con insistencia. Mi encuentro con Jesús Vera fue un choque con la realidad. La realidad de la vida, del sistema, de la profesión y del ser humano.

Mi primera reacción a ese encuentro, en el que me interrogó con la severidad que él solía interrogar, fue adversa. Y cito, admito que con vergüenza, mis palabras de entonces: “¡Qué mal me cae ese señor!

¡Claro! Si “el Vera” era capaz de decir las verdades que otros callaban o, adrede, ignoraban. Supo instar, protestar y exigir a tiempo y fuera de tiempo. Nunca tuvo reparos en hablar a conciencia. Y como dijo en una ocasión uno de sus colegas; nunca le tuvo miedo a la pobreza. Nunca le tuvo miedo a la amenaza, al vaivén laboral, a los nombramientos de sutano o mengano… de hecho, el no aceptaba posiciones, que me consta, le fueron ofrecidas en varias ocasiones. El luchaba desde su trinchera, desde su minúscula oficina-estudio bautizada para la eternidad como el ascensor detenido.

Por ese espacio, por ese cubículo en el que apenas cabían dos personas, porque además de pequeño él lo inundaba de grabaciones y pilas de recortes de revistas y periódicos, que no fotocopiaba, sino que los conservaba originales hasta que alcanzaran una exquisita palidez amarilla, por ese lugar en el que había que contorsionarse para entrar, desfilaron las figuras más importantes de la cultura de nuestra Isla y del exterior.

Desde el intelectual más distinguido, hasta el principiante de la flauta o del teatro, estudiantes ávidos de consejos y de presencia, que son al fin y al cabo la continuidad de nuestro desarrollo cultural. Aunque Jesús Vera Irizarry no limitó su actividad periodística a eso, fue el periodista radial cultural más importante de nuestro país. Además, conocía cabalmente la radio y la televisión pública, pero más aún, las respetaba.

Pero mi mejor experiencia con “el Vera”, como cariñosamente lo llamábamos, fue en su dimensión humana. Eso sí, Jesús era incisivo hasta con sus amigos, nos azotaba sin misericordia cuando veía que perdíamos el camino, el norte de un trabajo digno y responsable, que a la postre es el que habla por nosotros. Jesús sabía valorar a las personas por su calidad humana, de hecho, su agudo instinto le revelaba inmediatamente cuando alguien era sincero, o simplemente un adulador. Su sentido ético era admirable, constantemente nos recordaba que a veces hay que decirle que no a las oportunidades que parecen maravillosas, a puestos o a salarios tentadores, porque la integridad y la calidad se anteponen.

El “ogro” que conocí en la redacción de radio en 1992 se convirtió en muy poco tiempo en mi mentor y más, en mi mejor amigo. Su familia; su esposa Hidelisa y su hijo Enrique, que fueron sus inseparables aliados, pasaron también a ser parte de mi núcleo de seres queridos.

Jesús era cómplice de la justicia y conspiraba siempre a favor de la calidad. En el año 1998 hicimos juntos un programa cultural en el canal 13. Semanalmente compartimos con forjadores de nuestro acervo de manera coloquial. Buscando siempre el lado humano, incluso del más frío y distante intelectual… siempre lo encontramos. Nunca tuvimos desacuerdos sobre cosas fundamentales; lo mediocre era mediocre, punto, eso siempre estuvo claro. Aunque no lo dijéramos en voz alta, la complicidad de las miradas delataba cuando alguien no destilaba honestidad.

Admito que discutíamos, a veces severamente, sobre nuestros estilos. Yo tenía mil revoluciones y él solo tres. “Es que estás muy lento Jesús”, solía reclamarle temerariamente. Y él, con su profunda sabiduría me neutralizaba… “es que llevas la prisa de la juventud…”

Cuando Jesús enfermó se nos cayó el mundo. Su voz, su instrumento de trabajo, fue menguando, pero no su ímpetu, que se mantuvo incólume. Sí hubo una transición paulatina que percibí conforme avanzaba su enfermedad: su tolerancia había aumentado sus niveles. Juzgaba a las personas por su circunstancia, e incluso aprendió a justificar actitudes mezquinas de segundos y terceros, aduciendo ignorancia en lugar de maldad.

De él obtuve grandes lecciones de humildad y de sacrificio. También heredé su humor mordaz, que no todos entienden, pero que internamente nos hace reírnos a carcajadas. Tal como la risa sonora de Jesús, que me parece estar escuchando en este momento.

Solo me resta deshacerme de otra manía heredada; acumular pilas de recortes de periódicos… La realidad es que ya necesito espacio para caminar. Además, no acabo de acostumbrarme a entrar por la puerta de la estación, sin desear encontrarme con Jesús para invitarlo a un café y reírnos de la vida. ¡Cuánta falta nos hace tu presencia!

Yo quisiera ser como “el Vera” cuando sea grande. A veces mi hijo alcanza una foto de Jesús y me recuerda, llevándose su dedito índice a la boca, como un ademán de silencio, que Jesús está dormido. Jesús ahora descansa en paz, pero ojalá su ejemplo, su conciencia, y su profundo respeto y responsabilidad hacia su trabajo logre despertar a muchos.

18 de mayo de 2011

¿Quién me ha robado el mes de abril?

Hay veces en que el tiempo se escurre tan sutilmente que no nos percatamos hasta que toca arrancar la hoja del calendario y se pregunta uno de pronto: pero ¿quién me ha robado el mes de abril?
Mi Ismaelillo entró esta tarde a la cocina y me miró con la expresión que usa cuando el tema es serio: “mami, ¿quién me trae los regalos en navidad?"
Me volteé sabiendo que en ese preciso momento tendría que enfrentar una transición a la que por mucho tiempo le temí; la despedida de la inocencia.

Obviamente traté de ganar tiempo:
-“mi amor, ¿y a qué viene eso ahora?”
-“Es que he estado analizando…”
-¿Analizando qué, mi vida?
(y en mi mente el bombardeo: ¡analizando! ¿quééé?)
-¿Cómo Santa vive tanto tiempo? ¿Cómo pueden volar sus renos? ¿Cómo tú que te despiertas con el menor ruido nunca lo oyes? ¿Cómo puede recorrer TODO EL MUNDO en una noche? ¿Dónde consigue tanto dinero? ¿Quién le cambia el dinero?

Ahí sí que me desconcertó y rompí el mutismo: ¿cómo que quién le cambia el dinero?
-“Bueno, no todo se paga en dólares… necesita euros, pesos dominicanos, moneda china… tú sabes…”
-¿Con quién tú has estado hablando?
-¡Con nadie! ¿No te das cuenta de que estoy creciendo? Ya soy grande y quiero saber la verdad.

LA VERDAD. ¿Cuál es la verdad? 
¿Quiero también saberla?

A él le hablé sobre la ilusión, la magia, las sorpresas bien intencionadas y el amor, que al fin y al cabo es lo que nutre todo lo demás. La conversación lo dejó satisfecho y feliz por la nueva complicidad que ahora teníamos. Pero yo sigo preguntándome acerca de la verdad y sus dimensiones. Después de todo, a mí también me acaban de arrancar de golpe una ilusión muy grande.

Para reponerme del impacto canto a dúo con Sabina:
¿Quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?
¿Quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón, donde guardo el corazón…

17 de mayo de 2011

Dignidad

Reintegré la aplicación del nivel a mi teléfono celular. Lo retomé comprendiendo lo útil que resulta para determinar la horizontalidad y, sobre todo, la verticalidad de un elemento. Decidí usarlo para no depender de impresiones ya que la perspectiva puede generar errores.

En efecto, el nivel me ha permitido descubrir las equivocaciones que se cometen cuando se juzga a la ligera o cuando nos guiamos solo por las apariencias. Lo uso en diferentes instancias; en la carretera, en la oficina o en los centros comerciales. Lo ubico con frecuencia sobre carteras y maletines de extraños o conocidos, sobre discursos y rostros que al final resultan no ser lo que parecían.

Esto no es una pipa”, sentenció con letras en el cuadro en el que representó una pipa el pintor belga René Magritte. Sí es una pipa, nos planteamos como espectadores. Pero efectivamente no lo es. La advertencia del artista nos previene para que no cometamos el error de tomar la representación por la cosa representada. La pipa de Magritte representa y deconstruye la relación de imagen y lenguaje.

Esto no es lo que parece”, decía el mensaje en la pantalla de mi teléfono cuando acerqué el nivel a la noticia en la que se denunciaba un acto de humillación a un menor en Filipinas. Pensé que sí, que era una denuncia hecha a través de la reseña noticiosa de una red multimedia. “Esto no es lo que parece”, reiteraba el mensaje de mi nivel que ahora cambiaba de color.

Entonces, amparada en la desconstrucción del caligrama de Magritte, pude entenderlo. A la noticia estaba “adherido” el video (que ni siquiera intenté mirar), que le repetía a los espectadores cibernéticos el acto de humillación denunciado.

No bastaba con leer la crónica de que un programa de televisión atentó contra la dignidad de un niño exponiéndolo a un acto indigno. No, el editor consideró que no era suficiente el lenguaje o su representación. Para que tuviera credibilidad debía reproducir el video y colgarlo al alcance de unos espectadores morbosos que constataban de primera mano que sí, que era cierto, que habían humillado al chico. En mi cándido entendimiento eso solo multiplica la falta y hace al medio cómplice.

El filósofo alemán Immanuel Kant, en Fundamentación de la metafísica de las costumbres, planteó que todo hombre tiene un legítimo derecho al respeto de sus semejantes y también él está obligado a lo mismo de manera recíproca.

El manejo sensacionalista de la noticia del menor filipino nos compete porque pone de manifiesto nuestras propias faltas. Nos enfrenta a la continua violación de los más básicos cánones del respeto a la dignidad humana bajo el amparo de una consigna informática. Nos enfrenta al acoso de una oferta televisiva inundada de programas altamente ofensivos, y no lo digo en ánimo moralista, ofenden por lo mediocres, por lo burdos, porque carecen de respeto a la inteligencia. Se recurre a la risa fácil y mezquina, a costa de la burla, del chisme y de la ofensa descarada. Para colmo se le entrega como dádiva al espectador, para que no piense, para que imite, para que contribuya en el ejercicio de arrimar al país hasta la orilla, si al cabo la consigna desgastada reza que “eso es lo que le gusta a la gente”. Tanta generosidad nos enfrenta ahora a los resultados.

La dignidad del ser humano es inviolable”, establece la Carta de Derechos de nuestra Constitución. ¿Hasta dónde entonces nos está llevando la tiranía del progreso? ¿A qué pantano nos está arrimando? ¿A qué derechos renuncio y a qué precio? ¿Cuándo decimos BASTA?

Decidí contrastar con el nivel mis interrogantes, pero al igual que la primera vez que lo adquirí, se deslizó de nuevo de mis manos. Esta vez no se rompió, pero hubiera sido mejor perderlo a leer el mensaje que salió en pantalla: ¿De verdad piensas que las cosas van a mejorar?

Agobiada por el desconcierto me convenzo entonces de que si ese es el progreso, entonces no lo quiero, no me interesa ser así de civilizada.

8 de mayo de 2011

Volver a empezar

Hoy, día de las madres, es inevitable el repaso minucioso de las fotos y los recuerdos. Lo tangible y lo intangible se junta como un todo y de ahí a convertirse en nostalgia es solo cosa de algunos segundos. 

Comparto un cuento breve que estaba en el archivo de agosto de 2007, pero como cada día me parece que es un anticipo de algo que a mí misma me pasaría, pues arbitrariamente lo traigo de vuelta al principio. Además, a veces lo único que nos apetece es volver a empezar.

Volver a empezar

Gabriel, a sus quince años, ya no quería salir con su mamá ni besarla en público y mucho menos llevar a sus amigos a la casa. Para despedirse solo hacía un gesto de adiós con la mano. Ya no comía con ella a la mesa, sino en su cuarto o en la sala mirando televisión. Apenas le hablaba de su vida y se avergonzaba si ella intentaba mimarlo.

Beatriz no lo resistía, así que esa noche entró con sigilo al cuarto de su hijo y recurrió al último hechizo al que tenía derecho después haber renunciado a sus poderes para convertirse en madre.
Al día siguiente, vio cómo un cuerpo diminuto se perdía en la inmensidad de la cama de un adolescente. 

La mujer, emocionada, se llevó al pequeño a su regazo y le dio el biberón que ya tenía preparado.

6 de mayo de 2011

Tras los pasos del abuelo

Hace más de 30 años, a una edad similar a la suya, también estuve ahí, explorando con curiosidad las maravillas de un laboratorio universitario.  
Conocí la misma gente, me senté en la misma silla (bueno, en otra que le precedió) y almorcé en el mismo espacio que hoy mi hijo comparte con su abuelo y sus colegas.  
El Ismaelillo me dijo que sería científico y que se ganaría el Premio Nobel.  Le dije que ambas cosas eran posibles, pero que tenía que tener pasión para lograrlo; algo que definitivamente le reconozco a mi padre.  Mi chico, que tiene por costumbre decirme cosas que me mueven el piso, me explicó algo que considero aún más maravilloso que el que se gane algún día del Premio Nobel.  Es que se lo va a ganar en conjunto con su mejor amigo y con el dinero del premio van a fundar un instituto para enseñarles ciencias a otros niños.  La nobleza de espíritu es algo que también le reconozco a mi padre. 
Mi chico tiene genes muy particulares de su papá y míos, pero en su caminar por el mundo me agrada que también siga los pasos de su abuelo.

1 de mayo de 2011

Aguacero de mayo

Aguacero e` mayo déjalo caer
Aguacero e` mayo déjalo caer
Bonita tu casa e` palma
Bonita tu varazón
Bonita la que está adentro, que me parte el corazón.
Aguacero e` mayo déjalo caer
Mañana cuando me valla, quién se acordará de mi
Solamente la tinaja, por el agua que bebí.
Aguacero e` mayo déjalo caer
Aguacero e` mayo déjalo caer
Alevantate catano, son la 5 e` la mañana
Alevantate temprano, que soy yo la que te llama.
Aguacero e` mayo déjalo caer
Bonita la mañanita cuando viene amaneciendo
Los gallos merodeando y los trapiches moliendo.



El Ismaelillo dejando que la lluvia
le moje la cara...

30 de abril de 2011

A nadie le importa

Las balas perdidas siguen perdidas. Nadie habla. Nadie cuenta. Nadie vio. Nadie confiesa. Una madre compartía en la prensa su tribulación desde la más absoluta impotencia: “a nadie le importa”.

Un cuento de Leone Battista Alberti narra el lamento de un perro de caza que, atado con una cadena observaba a otros perros torpes holgazanear con libertad.

Ante tal circunstancia se preguntaba entonces si no resultaba preferible ser alguien sin talento.

Atribula llevar puesta la cadena de solidaridad, de la disposición a la denuncia, del compromiso para cambiar el País. Es más fácil ampararnos en que para allá no hay que mirar. Estamos tan amedrentados que solo optamos por salvaguardarnos nosotros; que cada quién busque su propia guarida.

El problema podría resultar aún más complejo. Usted, que lee ahora esta columna, probablemente sí estaría dispuesto a la denuncia, pero no habla porque no sabe nada, porque tampoco entiende lo que está pasando, porque también ha sido víctima de la pérdida de la libertad. Porque también está encerrado tras un portón con un enorme candado y rejas alrededor de todas las ventanas, mientras tantos otros, los que no le tienen el mínimo respeto a la vida, holgazanean libremente y nos arrebatan las calles que ya no nos pertenecen. Nos han encerrado ellos a nosotros, nos han puesto tras las cercas del miedo, de la pérdida y la desolación. Nos han dejado preguntándonos, como el perro de caza, si no sería mejor que no tuviéramos talento, que no asumiéramos la dignidad, que nos acostumbráramos a lo mediocre, que viviéramos en la abundancia de la escasez.

Es todavía peor. Hay tantos cómplices en puestos prominentes, pavoneándose con arrogancia, sin recato ni disimulo, desde altas esferas en las que afinan su asecho. Malhechores de cuello blanco que esconden la mano siniestra y mienten descaradamente. Exhiben sonrisas perversas que esquivan, con asombrosa destreza, el cuchillo afilado que llevan oculto dentro de su boca. Se regodean sueltos, sin cadenas. Son partícipes del gozo a cuenta de que seamos nosotros los que quedemos presos.
Claro, si a nadie le importa.

Publicado el 26 de abril de 2011
http://www.elnuevodia.com/columna-anadieleimporta-949728.html

18 de abril de 2011

HOSANNA

Me levanto contenta, OPTIMISTA, alegre de ver los árboles florecidos y los pajaritos cantando y volando de rama en rama. Abro las ventanas, el día soleado me permite ver el Yunque desde San Juan. Es de ensueño.

Hosanna, Hosanna, exclamaron ayer cientos de miles de cristianos en todo el mundo. Hosanna, cantó mi hijo ayer en el templo mientras mi corazón se apretaba al ver su gozo. Bendito el que viene en el nombre del Señor.


Pero cometo el error de abrir la prensa y es como si pasara de golpe al calvario. Tanto dolor apiñado en tan poco espacio. Tanta impotencia para enfrentarlo.

Domingo de Ramos, Viernes de Crucifixión.
Gracias, Señor, porque el final es de Resurrección.

10 de abril de 2011

Con y sin tablilla

Vehículos, ciclistas y corredores convergen por una marginal oscura. El escenario levanta preocupaciones.

A la ausencia de un alumbrado decente se le suman los múltiples hoyos que han quedado como evidencia de los frecuentes trabajos de la triple A y de reparaciones mal hechas (por ellos y por otros).

Al ejercicio de ver la carretera y esquivar los hoyos se le suma el de detectar a los corredores y ciclistas que transitan a favor del tránsito, muchos (lamentablemente la mayoría), sin luces ni reflectores ni equipo protector y que para colmo se mueven temerariamente; cruzan de golpe, con tal de no perder el ritmo de su trote y se atraviesan frente al carro.

Asustan. Por más que los sentidos estén concentrados en la carretera, asustan. Como si fuera poco, les gusta llevar ropa oscura, se confunden con las sombras nocturnas y ¡presumen que el conductor puede verlos de manera precisa aún cuando hacen todo lo posible por pasar desapercibidos!

Aterra la sola idea de imaginarse uno el impacto. Nunca he leído una noticia en la que expliquen que un ciclista impactó un vehículo que transitaba con todas las de la ley. Y ni siquiera voy a traer a los motociclistas a la discusión, esos son materia de otro susto. El conductor, por más cuidadoso que sea, siempre será visto como responsable, aunque el ciclista o transeúnte haya sido temerario o negligente.

Hay miles de conductores irresponsables, pero también hay miles responsables, cautelosos y cumplidores de la ley y el orden. Hay espacio para todos y derechos para todos. Si la ley obliga a cumplir a unos, pues que también regule a los que no portan tablilla, pero ponen en jaque al otro. Puede haber sana convivencia en las calles, pero la responsabilidad debe ser compartida. A ver si nos atrevemos a ser un país civilizado.

31 de marzo de 2011

Lo que vi por la ventana

Primer paisaje: la cautivadora vista que veía por la ventana; un paisaje que extasiaba.

En la tarde, por la ventana (o la vitrina) de una tienda vi dos hermosos árboles florecidos que marcaban el comienzo de la primavera.

Y como para no defraudarme, esa misma noche la luna se acercó tanto que casi se deja tocar.  Así fue como la vi por la ventana de mi sala.

30 de marzo de 2011

Perspectiva

Transitaba hacia el oeste por el carril de la derecha cuando quedo frente por frente con este camión, un encuentro que resulta francamente intimidante…


Sin embargo, el camión no venía en dirección contraria, ni tenía intenciones de chocarme (creo yo), sino que venía remolcado por un grúa que también se dirigía hacia el oeste. En la medida en que yo me acercaba me daba la impresión (cuál ilusión óptica) de que venía de frente a impactarme.

Se me ocurre que a veces en nuestra marcha por la vida nos ocurren eventos similares, nos topamos con situaciones que parecen adversas, creemos que vienen de frente a impactarnos y hasta nos tambaleamos como anticipando el golpe, para luego descubrir que el problema es mayor en nuestra mente o en la interpretación que le damos. Para colmo, luego de la ansiedad descubrimos que todo podía resolverse con un simple cambio de carril…

18 de febrero de 2011

Pillos y policías

Una de las costumbres más saludables que aprendí de mi familia, y que trato de emular en la crianza de mi hijo, es la de comer a la mesa.

Los beneficios de esa práctica se extienden más allá de los alimenticios, las conversaciones que se promueven en ese espacio me permiten explorar su mundo sin ser invasiva, saber qué piensa a medida que crece, conocer sus preocupaciones y compartir sus alegrías.

Entre bocado y bocado descubro a quiénes considera mejores amigos, las materias que prefiere y los inconvenientes con los que lidian los estudiantes de segundo grado.

En esa etapa el desarrollo lúdico, EL JUEGO, toma gran relevancia. Los expertos exponen que apoya el desarrollo físico, tiene propósitos pedagógicos y estimula el proceso cognitivo, afectivo y emocional. También desarrolla la creatividad y permite que se demuestre comprensión del entorno.

A través del juego los niños manifiestan su interpretación de la realidad. Eso explica que surjan juegos nuevos vinculados a la situación social del país.

Fue en una sobremesa que me enteré de la nueva modalidad del desgastado juego de pillos y policías. Mi hijo me contó que ya en la escuela no jugaba a pillos y policías porque un amigo le ensenó una mejor versión: estudiantes y policías.

Me explicó que el juego era similar, pero que en vez de perseguir a los pillos, los policías ahora perseguían a los estudiantes de la universidad.

¿Los estudiantes ahora son los pillos?, pregunté aterrada. Su respuesta contundente fue que no, era solo que ahora los policías los perseguían a ellos, pero que no me preocupara, que los estudiantes eran rápidos y listos y que nunca los lograban atrapar.

Durante el “nuevo juego” los estudiantes gritaban “¡queremos estudiar, queremos estudiar!” y corrían a esconderse mientras los policías hacían malabares para encontrarlos.

Luego me explicó que los policías no siempre quieren perseguirlos, pero “es que los mandan y ellos siguen instrucciones”. El chico se paró de su silla y no se dio cuenta de que yo seguía pegada a la mía.

No creo que sea necesario explicar nada más.

21 de enero de 2011

Desvelo en familia

1:30 am, mi hijo abre la puerta de mi cuarto y me informa que está desvelado. I know the feeling. No me despertó, también estaba desvelada. ¿Será esto genético?

Son las 3:20 am y seguimos despiertos… Ya tomamos agua, comimos tostadas, leímos, conversamos, planificamos su cumpleaños (para el que aún faltan 10 meses) y tomamos una foto de la ciudad a esta hora.

¡Queremos dormir!
Ya no se me ocurre nada más que preocuparme porque en la tarde él se dormirá en su clase y yo en mi reunión…

20 de enero de 2011

Para esto hay que nacer…

La prensa local reseñó hoy la noticia de dos policías que arrestaron a un individuo por una infracción de tránsito. Hasta ahí parece cosa de todos los días, pero sucede que el conductor se puso nervioso y confesó al instante que tenía en el auto más de un millón de dólares (EN EFECTIVO!!) y ofreció dividirlo en partes iguales con los agentes.

Ante el ladrido insistente del perro de la policía (válgame, que yo también hubiese ladrado), investigaron y efectivamente, encontraron $1,178,000, dinero que aparentemente proviene del narcotráfico.


Todos estos datos solitos no me hubieran llevado a reseñar aquí el asunto. Lo que verdaderamente me estremeció fue la reacción de los dos miembros de la División de Información Criminal de San Juan, de 26 y 31 años:

- “Para esto hay que nacer. Tienes que tener tus valores bien puestos. Si estás en la calle bregando con lo que bregamos nosotros, tienes que tener tu mente 100% en el trabajo. Una vez forjas unos valores y unos principios, siempre me dejo regir por eso. No hay cantidad que me paguen a mí, porque quiero seguir trabajando. Esto es mi vida”.

- “Son valores que desde niño a uno le enseñan en la familia. Si no es tuyo, no es tuyo. Este es tu trabajo y tu vida”.

Estamos tan acostumbrados a la corrupción, no solo policiaca, sino institucional en todos los niveles, que resulta un verdadero aliciente saber que quedan servidores públicos íntegros, dispuestos a demostrar un compromiso honesto y responsable con el país.


¡Gracias!  ¡Qué sean más los buenos que los malos!

16 de enero de 2011

Mundo real


La prensa británica informó el suicidio de una mujer. Un medio anglo, particularmente sensacionalista, anunció con relevancia que la víctima comunicó sus intenciones a través de la red social Facebook, pero nadie la detuvo.

Simone Black, de 42 años, tenía 1,082 amigos. Amigos cibernéticos. Amigos de Facebook.

Se indicó que Black estaba deprimida y la noche de navidad escribió en la red una breve nota de despedida. Muchos la ignoraron, otros se mofaron, dudaron, cuestionaron y alguno se indignó. Todo por escrito en una página semi pública.

La madre de la mujer se pregunta con pesadumbre porqué ninguno hizo nada. Simone tenía tantos amigos.

En la novela de Rosa Montero Instrucciones para salvar el mundo, uno de los personajes vive una doble y arrojada vida a través de un mundo imaginario llamado precisamente “Second life”. Refugiado en él todo parecía mejor; todo era posible.

Facebook provoca esa falsa sensación de compañía. Es agradable pensar que a cualquier hora, cualquier día, un millón de amigos estará esperando para apoyar, celebrar, recordar, persuadir o disuadir, según sea necesario, y esa fórmula supone un bienestar infalible.

Reconozco que el mundo cibernético tiene incontables méritos, que las redes sociales han revolucionado el campo de la comunicación y que también tengo cuenta en Facebook.

Justamente por eso establezco el contraste, porque el contacto cibernético, con todas sus bondades, descansa en la plataforma de lo virtual; opera en lo aparente, pero no sustituye lo real. Es ilusión en su mejor manifestación, sin dejar de ser un supuesto.

Es válido, útil y hasta placentero disfrutar de las posibilidades de interacción y comunicación de Facebook o cualquier otra red, el inconveniente surge cuando se suplantan las relaciones interpersonales, cuando el contacto se subordina a un teclado.

Lo resume un comentario que dio al Daily Mail el representante de una asociación que combate la depresión. El hombre plantea que la noticia invita a meditar sobre la triste realidad de nuestra sociedad, “porque la gente tiene que tener amigos en el mundo real”.

9 de enero de 2011

Two lovers

Un emotivo drama sobre el amor y el desamor. Este complejo campo de las relaciones afectivas no se agota, hay mil tratamientos sobre el tema en el cine y en las demás ramas del arte, pero nada como la vida misma…

Two lovers es la historia de Leonard, un hombre que luego de una crisis aguda regresa a vivir con sus padres y de manera consecutiva aparecen dos mujeres en su vida; Sandra, la encantadora y hermosa hija del nuevo socio del negocio de lavandería de su familia, y Michelle, una vecina de belleza seductora, pero atribulada por un complicado conflicto amoroso.

Leonard se debate entre una relación cómoda con Sandra que, además de satisfacer a su familia, lo protege de los riesgos que su padecimiento ya presupone, y otra relación ambigua, indescifrable, absolutamente intensa y que lo vulnera hasta los límites, con Michelle, quién a su vez deambula entre sus propias tinieblas de incertidumbre.

En medio de su encrucijada, Leonard es sigilosamente observado por el ojo protector de su madre; mujer/ancla con la misión incondicional de rescatarlo de una existencia a la deriva.

La agraciada caracterización de los personajes y la sublime proyección visual de las emociones logra que la historia supere los lugares comunes inherentes al clásico triangulo amoroso. Una acertada dosis de suspenso permite que el espectador supere las instancias más lentas de la trama y consigue que los momentos fundamentales no sean predecibles.

Su final arrollador logra transitar desde el dolor más angustioso hasta la posibilidad que resguarda una intención genuina de restauración.

Es una película dolorosamente hermosa.

8 de enero de 2011

Esa antigua tristeza

Hace algunos meses, en julio específicamente, el amigo escritor José Borges presentó en San Juan su novela Esa antigua tristeza. Tuve el privilegio de comentar la obra, claro está, con las debidas precauciones de no delatar los enigmas y entramados que el autor hábilmente armó en el desarrollo de la historia. Comparto lo que leí esa noche:

Comienzo con una admisión que no parecería pertinente al tema, pero les aseguro que sí lo es: me gustan las películas de niños. Y me gustan, no porque lleve una niña por dentro, que sí, que la llevo, sino porque tengo la teoría de que están hechas para adultos y los niños, incidentalmente, también las disfrutan.

Hago esta mención porque cuando leí por primera vez el título de la novela de José Borges: Esa antigua tristeza, me acordé de la famosa película de Shrek, que se desarrolla en un entorno particular: el Reino de Muy, Muy lejano.

Y eso fue lo que de entrada me evocó el nombre: una TRISTEZA AGUDA, de tiempos muy, muy lejanos. Y no una tristeza, sino “esa” tristeza, esa nostalgia de ORIGEN REMOTO que, curiosamente, sigue presente, como sucede con muchas angustias: perdura.

En esta novela hay planteamientos éticos muy serios. De hecho, yo me topé con uno personal a la hora de escribir esta presentación: ¿Cómo les cuento lo que quiero contarles sin revelar lo que no debo revelar: el secreto de Eleazar, su mayor temor y el final de la obra?

A ver, lo voy a intentar.

Esto será una síntesis, o como prefiero llamarlo: un aperitivo sabroso. Con él pretendo seducirles el paladar para que disfruten entonces del plato fuerte que es el libro.

José Borges sabe contar. Y uno de los aciertos de esta novela es precisamente esa habilidad narrativa. Esta historia se ha hilvanado puntada a puntada, en capítulos breves que se entrelazan, se abrazan, se bifurcan y se vuelven a unir; a veces, de modo casual, y otras veces desde la ficción más insospechada.

Sí, hay una conjunción de géneros, como destacó en su síntesis (en la contraportada del libro) Luis López Nieves. Hay elementos realistas, entre los que incluso podemos reconocernos, entre los que podemos ver reflejada nuestra propia cotidianidad, nuestro mejor semblante o esa sonrisa traviesa que se nos escapa en momentos de complicidad, o quizás de manera más arriesgada, podemos reconocer en Esa antigua tristeza nuestra propia miseria, esa de la que queremos escapar, como escapan Eleazar y Brommer, y hasta la propia Maureen en algún momento.

También hay elementos fantásticos, que le producen inquietud al lector, porque arrojan al ruedo un elemento sobrenatural, contrario al orden establecido y eso sorprende. De hecho, hay quien nombra el género fantástico como subversivo por el modo en que VULNERA LA REALIDAD. Y aquí, en esta obra, también se vulnera.

Hay, además, componentes de ciencia ficción, que se dan en el supuesto de un marco, un espacio temporal imaginario o especulativo. Como cuando en el capítulo 4, Eleazar, atrapado en un entorno que apenas reconoce, decide releer Cándido o el optimismo. (Y cito) “Este —dijo el mendigo con el libro en la mano–. Hace siglos que no lo leo”. Recuerden esta cita.

La novela de Borges, de José Borges, es, supongo que a propósito, irreverente. Su protagonista es cínico en todos sus referentes religiosos, es además rebelde (me atrevería a decir que es un rebelde con causa). En su andar largo, larguísimo, no deja de reclamarle a Dios y de adjudicarle responsabilidad por su desdicha. Y lo digo en singular, desdicha, porque a pesar de que son muchos sus pesares, el origen es el mismo; (a su juicio) una mala pasada que Dios le ha hecho.

Dijo Saramago, hablando sobre su novela Caín: “Dios no es de fiar”. Lo dijo y se sostuvo, al punto que literariamente redimió a Caín. Y no habla Borges de Caín, ni de Abel, ni siquiera de Adán y Eva. Pero habla de Eleazar y de “El Caldero de Dios”, la entidad que socorre al mendigo y que no resulta ser lo que parecía. Y habla de los temores y de las inseguridades, y de lo que el protagonista (y quizás también el autor) consideran exageraciones espirituales.

Habla Borges también de la muerte, se acerca a ella con diversas miradas: la insensible, la científica, la física, la sufrida, la esperada, la que llega… y hasta la que no llega.

Si hay muerte es porque hubo vida, así que también se habla de la vida, de la existencia y de la supervivencia. Y en ese ciclo de la vida hay un matrimonio que tiene las altas y bajas que por definición supone el acto de matrimoniarse. Hay ganancias y pérdidas. Hay un mendigo que huye y un especialista en informática que también huye. Y aunque andan juntos, huyen por razones diferentes. Brommer, que es el especialista, experimentaba, como también experimentó José Borges, la ficción de trabajar en algo que no le apasionaba.

Así que, además de la huida física, llevaba una FUGA EMOCIONAL provocada por la rutina, por los compromisos ineludibles y por su hastío laboral. Esa huida no se daba en el vacío, era movida por la búsqueda de experimentar lo que ya otros habían hallado. Y eso podría resumirse en dos libros o en dos palabras: PURA VIDA.

 “Esa antigua tristeza”, la novela, habla de todo lo que se da en el espacio intermedio entre la vida y la muerte: el amor, las intrigas, la pasión, la cena apresurada, las conferencias aburridas, la tentación, el poder, la salud, la corrupción, la enfermedad, la cura, el rescate, la redención.

El escenario físico protagónico es Seattle. O las múltiples caras de Seattle: un hotel, un cyber-café, unos callejones oscuros, unas azoteas homogéneas, un sótano, un laboratorio, la sede de una próspera compañía multinacional, un apartamento que resguarda y que delata, y hasta el Seattle de los amigos, de la complicidad y del detonante para el amor.

La novela te lleva como una montaña rusa: tan pronto arranca comienza a tomar velocidad y esta se intensifica gradualmente hasta que en un momento dado estás a merced del texto y no lo sueltas porque no puedes y te conviertes en aliado del mendigo y piensas que lo estás viendo todo suceder frente a ti, como si estuvieras en el cine y las letras se transformaran y las palabras ahora son personajes que se suceden uno al otro en la pantalla y te deslizas cómplice en tu silla para que no te vean y no se detengan y sepas de una vez y por todas cuál será el desenlace. Entonces el carrito comienza a descender por la montaña rusa y baja con sutileza y llega a su destino y finalmente detiene su movimiento porque ha quedado exhausto. Y tú te bajas extasiado, seguro de que ahora sabes algo que otros no saben y ese es tu secreto, pero te volteas y miras ese carrito de la montaña rusa que dejaste allí detenido y te parece que cobra vida, una vida que nunca se va a agotar, porque le toca comenzar de nuevo la carrera con otros pasajeros que no se imaginan la aventura que les espera.

Ese carrito es el texto y es Eleazar, el mendigo, y será tal vez alguno de nosotros, quién sabe…

Lo que sí sé es que cuando termine esta novela usted: meditará sobre su carrera laboral, reconsiderará el matrimonio, sospechará de las compañías multinacionales, dará limosna a los mendigos, repasará algunos textos bíblicos, quizás no quiera ir nunca a Seattle, pero sí se aventurará a escudriñar mejor los rostros nuevos, tal vez se lleve una sorpresa.

La cantante nicaragüense, Katia Cardenal canta una canción hermosa que se llama “Regresando por más”. Y tomando ese título, les aseguro que cuando terminen de leer “Esa antigua tristeza” ustedes querrán regresar por más. Esperamos que Borges los complazca.

¡Que la disfruten!