21 de mayo de 2010

La ventana

Me considero una mujer de fe. La vida me ha zarandeado en dosis intensas, pero la fe siempre me ha sostenido.

Irónicamente, aún con intensos testimonios personales como evidencia, a veces flaqueo al punto que los miedos ocultan mi espíritu de confianza. En días recientes descubrí que eso probablemente es culpa de mi edad.
Es que hay que tener la fe de un niño y ya yo pasé la infancia.

Estando de viaje con el Ismaelillo, que no solo es un niño, sino un niño de fe, lo que significa mucho, recibí una LECCIÓN que ahora me sirve de norte:

Solamente en uno de los cuatro aviones que tomaríamos (durante el trayecto de ida y vuelta) teníamos asignados asientos conjuntos porque todos los vuelos estaban llenos a capacidad. Eso pasa cuando se toman decisiones a última hora…


En rutas cortas eso no significaba mayores inconvenientes, pero la idea de que en la última conexión de regreso, cansados, en un viaje de tres horas y media, nos ubicaran a 35 filas de diferencia me generó mucha ansiedad. Traté de hacer el cambio con anticipación, pero no fue posible. Esperar era la consigna.

El día de la partida amanecí, literalmente, en el aeropuerto, pero de nuevo el intento fue fallido; el avión para mi destino final estaba abarrotado y yo me negaba a aceptar ese hecho. El asistente de la línea aérea me sugirió que hiciera una nueva gestión cuando llegara al “counter” de salida de esa última escala.

Ya sin esperanzas, le pedí a mi hijo que orara para que alguien del avión nos cambiara su silla y pudiéramos estar cerca. Me miró sorprendido, pues ya yo había orado y él no entendía el porqué de una nueva súplica. “Por favor, mami, no tienes que pedir lo mismo de nuevo”, me lanzó con ese desenfado que le queda tan bien.

Tres horas más tarde, en el nuevo aeropuerto, me presenté sin esperanzas ante otro empleado. Mientras le explicaba mi suplicio, mi hijo me interrumpía para que le recordara al hombre que él quería el asiento de la ventana. Aclaro que en las filas separadas ambos teníamos asignados asientos de centro.

Ya mi paciencia rozaba el límite: ¡No hay ventana, ni siquiera hay asientos juntos, déjame terminar sin interrumpirme! Su argumento, como por lo regular me sucede, resultó demoledor: “Pero si ya oramos…” Lo ignoré por no enfrentarme a mí misma con mi falta de fe.

El empleado no se enteró de nuestro argumento en español y prosiguió con la búsqueda. “El avión está muy lleno”, me dijo como si me estuviera diciendo algo nuevo… Ok, no me pueden acusar de que no traté, fue lo único que se me ocurrió pensar. De pronto me dice con una sonrisa: “los logré mover juntos”. Yo suspiré agradecida, le di la noticia al chico y él me dice: ¡Súper, voy en ventana!

-¡NO!, le dije sin ocultar mi incomodidad por su insistencia. –Vamos en pasillo y centro.

-Ay, mami, tú no confías…

Este niño ME SACA LA ALFOMBRA DE LOS PIES SIN AVISO.

Abordamos; el avión parecía de mil pasajeros, el desfile de gente no paraba, no cabía un alma más en aquél espacio, todos apretujados y comprimidos al punto de que la tripulación tuvo que hacer un llamado al orden. Todos sentados, no hay espacios libres. Ya descansada, en mi asiento de pasillo, cerré los ojos mientras sostenía la mano del Ismaelillo. Anuncian el cierre de la puerta y el pronto despegue, cuando me percato que la mano del niño se me escurre suave.
ABRO LOS OJOS Y DESCUBRO QUE EL ÚNICO ASIENTO LIBRE DEL AVIÓN ES EL DE LA VENTANA DE MI FILA.

Ante mi mirada de as
ombro y la suya de triunfo, el chico se cambió al asiento de ventana. “No lo puedo creer”, le dije tartamudeando. Y ahí él de nuevo: “Mami, tu oraste por asientos juntos, pero yo oré por la ventana”.

De pequeña me enseñaron un corito en la iglesia que decía: “… por eso tienes que ser un niño, tienes que ser un niño para ir al cielo…”

20 de mayo de 2010

Calle Melancolía

A SABINA me lo perdí. Llegué tarde, eso sucede a veces. Pero con Sabina me pasa algo que Serrat lo dice cantando: “Me gusta todo de ti, pero tú no”. Y a mí me gustan sus letras, su música, su irreverencia y hasta su locura, pero muchas de sus canciones las disfruto más en otra voz. Ya lo sentenció Rick Blaine en CASABLANCA:

Y como siempre queda París, me deleito con Carmen París cantando Calle Melancolía. A mi juicio, muy a menudo Sabina se oye mejor EN BOCA DE MUJER.

12 de mayo de 2010

Razones

Una tarde me dicen que hace un sol hermoso en Nashville y al día siguiente veo la ciudad bajo agua.


Las noticias reseñan el DILUVIO que inundó calles, hogares y todo lo que el río encontró a su paso. Un evento sin precedentes que causó muertes, angustia, desastres físicos y económicos y un severo trastoque de la paz cotidiana.

Y PARA ALLÁ VOY…

Miro mi boleto de avión y me recuerdo a mi misma que las inundaciones me dan pánico, que me agobia la idea de un tornado y que volar en esas condiciones me pone nerviosa.

Entonces pienso en las RAZONES. Todas tienen nombre y apellido.

Allá estarán mis 4 sobrinas que hace tiempo no veo, en especial Natalia a la que solo conozco por fotos y videos caseros. Allá estarán mi hermana y mi hermano a los que siempre extraño y se reunirán sus familias y la mía y los abuelos y otra familia extendida y amigos y todo el “bonche” celebrará con capas y sombrillas la graduación doctoral de mi cuñado.

Confirmo el vuelo por internet (que ahora todo es tan fácil) y pienso en lo que dice la canción “Razones” de Bebe; “Tengo razones, razones de sobra…”

Y ya que llovió tanto, repartiré (como también dice la canción)

“besos de agua”.

9 de mayo de 2010

Comercial para el Día de las Madres

Un beso mágico

Es el día de las madres y mi hijo me regala un beso mágico (que le devuelvo emocionada) y la tarjeta artesanal más bella del mundo.

Luego hacemos PANQUEQUES y vemos una película de Scooby-Doo junto al Capitán Calzoncillos…
¿Qué más se puede pedir?

8 de mayo de 2010

No hay reglas

La crianza tiene parámetros, pero no reglas específicas que dicten lo que es mejor o peor. Hay tantos factores que intervienen en ese proceso que es difícil estipular quién lo hace mejor, qué funciona y qué no.

Así lo muestra el documental “Babies”, que se exhibe ahora en las salas de cine. El lente nos muestra cómo transcurre el primer año de vida de 4 bebés en distintas partes del mundo; Namibia, Mongolia, Japón y California.

No hay un narrador que explique o establezca juicios sobre lo que vemos, eso me gustó porque como espectadora me sentí libre y cercana a estilos de crianza ajenos tan diversos y válidos que me permitió una reflexión sobre mi proceso particular.

Fui con el Ismaelillo (que sigue siendo mi bebé) a ver el documental y eso ciertamente abonó a la valoración que le di a la experiencia.

El trabajo, que más que educativo es de naturaleza emocional, nos permite apreciar manifestaciones de cariño que cruzan las barreras del idioma y de las posibilidades económicas, sociales o geográficas.

Los vemos gateando en superficies prístinas, sobre la grama y sobre la tierra árida; con pañales y sin ellos, por la libre y felices; con animales de peluche y con manadas reales junto a su cama o su patio que en algún caso es una espectacular sabana; juegan con maracas compradas o artesanales y en ningún caso vemos madres histéricas porque un gato los merodee o porque lloren desconsoladamente.

La propuesta es hermosa y fluye tan natural que me pareció que andaba yo visitando algunos amigos que me contaban cómo crecían sus hijos.

Solo me resta concluir que tanto en el Sur como en el Norte, en Occidente como en Oriente, un bebé es un bebé es un bebé.

1 de mayo de 2010

La savia que nutre el saber






Vidas Únicas
Ismael Torres/ Especial para El Nuevo Día

30 Abril 2010
Dr. Félix Ángel Castrodad Ortiz
Catedrático de Biología

La savia que nutre el saber

Félix Ángel Castrodad Ortiz es de esas personas con sueños ilimitados que no pueden registrarse en una interminable lista de números y fórmulas.

Es irónico porque es un científico que no sólo le dedica muchas horas al laboratorio, sino que adora y se disfruta el salón de clases y a sus estudiantes, que oxigenan su vida.

Este académico vive sediento de otros aires, y aspira aromas de arte, de literatura, y, siempre que puede, va al teatro, escucha buena música, camina por los museos y visita los bosques, los ríos y las costas de nuestras islas, que conoce como la palma de su mano.

Su gran pasión siempre ha sido enseñar. “Soy maestro por vocación, es lo que más me apasiona, me llena”, expresa con emoción.
Ejerce la cátedra de Biología desde hace más de 40 años en la Universidad de Puerto Rico en Humacao y lo conmueve encontrarse todos los semestres con nuevos estudiantes, con quienes comparte los avances científicos, junto a los conocimientos tradicionales y toda una visión de vida.
Miles de estudiantes han sido sus alumnos. “A menudo me topo con estudiantes que me dicen que le di clases a su papá o su mamá, a quienes usualmente recuerdo, ya que suelo conocer bien a mis alumnos”, enfatiza orgulloso de esa relación que se da en el aula.

Muchos testimonios evidencian esa pasión que Castrodad siente por enseñar. “Uno de mis estudiantes de primer año me dijo que en el curso yo le había enseñado muchas cosas, conceptos e información y que la mayoría de ellas se le iba a olvidar, pero que lo que nunca iba a olvidar es que 'la vida es una cosa fenomenal'. Esa es una cita del escritor Luis Rafael Sánchez que uso en mis clases”, comparte el profesor.

“Hago énfasis en que la ciencia no está desvinculada del resto de las disciplinas. Una estudiante me dijo que el curso de microbiología había aprendido también de literatura, de música y de costumbres, pero sobre todo a enfrentar la vida con alegría y entusiasmo. Eso me satisface”, admite.

Haciendo un recuento de sus momentos felices y los menos afortunados, expresa con dolor evidente que la muerte de sus padres han sido golpes muy fuertes. “En particular la muerte de mi padre, quién murió trágicamente en un accidente de tránsito cuando yo tenía 18 años. Él era mi confidente, consejero y mi fortaleza. Lo amaba entrañablemente y su partida me causó mucho dolor. Soy el mayor de 6 hermanos y sentí la responsabilidad, junto a mi madre, ahora también fallecida, de sacar la familia hacia delante”.

Sobre los felices, señala Castrodad el nacimiento de sus hijos, primero, y luego de sus nietos, como los más plenos para él y para su esposa Serafina, con quién lleva 43 años casado. Se inauguró como abuelo hace siete años y ya la cuenta llega a un nieto y cuatro nietas. En honor al nacimiento de cada uno, le ha sembrado con orgullo un árbol de frutas en el patio de su casa.

En lo profesional, Castrodad ha sido consultor para varias instituciones de educación superior, asesorcientífico, libretista y participante de series educativas de la televisión puertorriqueña como OIKOS, “Abriendo caminos”, “Problemas del mundo viviente” y “Agenda abierta - Ambiental”.

También ha sido coordinador de Ciencias para el Programa ALACiMa, auspiciado por la Fundación Nacional de Ciencias, donde se adiestraron a cientos de maestros de ciencias y matemáticas de Puerto Rico.

En el Recinto de Humacao de la Universidad de Puerto Rico ocupó varias posiciones administrativas como Director del Departamento de Biología, Decano de Ciencias y Rector.
Castrodad se mantiene activo en varias organizaciones científicas, y ha publicado en revistas especializadas, ha escrito manuales y módulos para cursos de biología y bioética.
Como profesor, Castrodad siente una gran responsabilidad. “Les digo a mis estudiantes que todas las profesiones son dignas, que escojan una para la cual tienen vocación y sean los mejores en ellas. Recalco que la dignidad humana no tiene etiqueta ni profesión. Les hablo de su relación con el medio ambiente, que sean respetuosos y considerados y que siempre dialoguen seriamente para dirimir controversias o problemas”, explica el educador, que hace énfasis en que “en el aspecto profesional, guardo una estimación y una consideración especial para mi maestro, el doctor Fernando Renau”.
En el plano espiritual, Castrodad, quien por 8 años presidió la Junta Directiva del Seminario Evangélico, asegura sentir “un regocijo interior excepcional por la concepción cristiana que vivo. Quisiera ser el modelo perfecto de Cristo”.

A Félix sus amigos lo describen como un hombre culto, humilde y honesto. De haber tenido más tiempo disponible tal vez, como Pablo Neruda, al que admira, hubiera coleccionado mascarones de proa y popa, para conocer los misterios del mar como cree conocer los de tierra firme.

Para describir lo que la vida le ha deparado, acude al verbo exquisito del poeta: “Si fuera a resumir mi experiencia de vida lo haría con las palabras de Pablo Neruda: confieso que he vivido”.

Primero de mayo

Me gusta esta fecha. Suena bien decir "primero de mayo".

Nada en particular, solo la idea de una LLOVIZNA RENOVADORA.

Solo la idea de un baile en solitario bajo cualquier desagüe como cuando tenía 10 años y EL PLACER DE LA INOCENCIA todavía existía.