19 de abril de 2010

El cielo envía mensajes

Me ha dado por retratar el amanecer desde la ventana de mi sala. Pero es que estoy convencida de que el cielo envía señales.

De madrugada me despierto aturdida y busco el teléfono para ver la hora, temo quedarme dormida y perderme el AMANECER.

Luego, por las tardes, me quedo pensando en que la vida me está pasando por el lado y esos amaneceres se me escurren de prisa.
Por eso los retrato, para preservarlos.

Veo a mis sobrinas en fotos que delatan lo hermosas y grandes que crecen en la DISTANCIA, veo a mi Ismaelillo alargarse frente a mis ojos al punto que ya no puedo cargarlo (ya pronto podrá cargarme él a mí), veo a Madrid y a Barcelona y a París en fotos tomadas para recordarme que debí haber estado allí, para susurrarme que hay belleza esperando y TIEMPO ESCAPANDO.

¡Cómo no me di cuenta antes!

11 de abril de 2010

Wabi Sabi

Uno de los mejores regalos que he recibido me lo hizo alguien muy especial en mi cumpleaños y todavía no se agota. Recibí varias suscripciones para revistas que me gustan, con contenido principalmente dirigido a la decoración (tema al que recurro cuando el estrés me agobia y necesito relajación inmediata).

Creo que lo más que me entusiasma es la periodicidad con la que las recibo. Es como un manjar digerido en bocados breves; el gusto se prolonga y se disfruta más. Cuando ya he digerido la primera ración, llega la segunda y luego la tercera y así sonrío cada vez que abro el buzón y las encuentro.

Sabes que sonrío cada vez que abro el buzón y las encuentro.

Curiosamente, la que más disfruto no estaba en el grupo original. Una de ellas salió de circulación y en sustitución me enviaron Woman’s Day. Una revista sobre temas variados y dirigida a la mujer moderna. Su editora afirma que hacen referencia a TODO lo que abarca el día de una mujer. ¡Y eso es mucho decir!

Porque a juzgar por mi experiencia, lo queremos hacer todo y damos la batalla por lograrlo aunque a veces eso provoque que vayamos de la risa al llanto y del llanto a la risa en 10 segundos. Somos multifacéticas y vivimos AGOTADAS, hacemos una batida mientras lavamos ropa, recogemos juguetes del piso y ponemos flores frescas en la mesa. Disfrutamos el sushi a la luz de las velas, en solitario o en compañía (que siempre es mejor), y también las alcapurrias con agua de coco. Nos levantamos temprano para preparar meriendas saludables y pasamos por alto la balanza cuando no nos conviene. Abrimos las ventanas para que sople el viento y nos enamoramos en las noches de luna llena. Queremos aprender recetas nuevas y se nos va el apetito cuando leemos la prensa. Cantamos en el auto y gritamos cuando descubrimos que se ha ido otro año y no tenemos idea del destino que ha tomado.

Aquí he llegado al punto del que quería escribir, no tengo remedio, siempre ando con rodeos…

En la más reciente edición de Woman’s Day encontré un artículo titulado “Life’s not perfect… and that’s fine with me” (by Lori Erickson), una reflexión de cómo el arte japonés del WABI SABI cambió la perspectiva de una mujer.

Lori narra cómo un día, al mirarse al espejo, descubrió de repente que su juventud física se desvanecía y que las arrugas alrededor de sus ojos ya no desaparecían cuando ella dejaba de sonreír. Ahora estaban ahí permanentemente. ¿A dónde se fue mi juventud?, se preguntaba ella. ¿A dónde se fue mi juventud?

Ya nos disparó Sabina la bala mortal: ¿Quién me ha robado el mes de abril?
La juventud se puede ir a las 20 años, o a los 40 o a las 90, es tan relativo. Lo ideal es que, a pesar de las arrugas y de la artritis, la juventud no se vaya nunca.

Entonces Lori habla de cómo el Wabi Sabi redimió su angustia.
Wabi Sabi (según nuestra sagrada señora de Wikipedia), “es un término estético japonés que describe a objetos o ambientes caracterizados por su simpleza rústica. El wabi-sabi combina la atención a la composición del minimalismo, con la calidez de los objetos provenientes de la naturaleza”.

Esta corriente está basada en la fugacidad de la impermanencia y cultiva lo que es auténtico, reconociendo que: nada dura, nada está completado y nada es perfecto.

Las palabras wabi y sabi no se traducen fácilmente. “Wabi ahora connota simpleza rústica, frescura o quietud, siendo aplicable tanto a objetos naturales como hechos por el hombre, o elegancia subestimada. También se puede referir a peculiaridades o anomalías que surgen durante el proceso de construcción y dotan de elegancia y unicidad al objeto. Sabi es la belleza o serenidad que aparece con la edad, cuando la vida del objeto y su impermanencia se evidencian en su pátina y desgaste, o en cualquier arreglo visible”.

El concepto es más amplio, pero ni ella (la autora) ni yo pretendemos ser expertas en el tema. Lo que nos atañe es lo que representa con respecto a la valorización de la belleza en un contexto de imperfección. De que la evolución es parte de la vida y de que tanto nuestro cuerpo como nuestro entorno están en un proceso constante de cambio y cada etapa y circunstancia tiene su propia belleza. Lo importante es que aprendamos a vivir en armonía con esa realidad.

Recuerdo una anécdota con el maestro artesano Celestino Avilés a quien le compré una de las últimas tallas que hizo de la Virgen del Carmen. Cuando vi la talla en un rincón de su taller le mostré mi interés en comprarla y me dijo que no me la podía vender porque era la más reciente que tenía y no estaba terminada. “Todavía estoy trabajando en ella”, me explicó. Eso me fascinó. Le dije que para mí esa era la mayor belleza, llevármela a medias, con la huella del maestro aún fresca. Debajo del sombrero él se sonrió y me dijo: “venga a buscarla luego”. Le dije que no, porque entonces la iba a terminar y yo la quería tal como estaba. En un gesto que me conmovió, puso su mano añejada y cálida sobre la mía y accedió. A los pocos meses el maestro murió.

Yo miro la talla y me recuerda su rostro, que reflejaba la profunda hermosura de su humildad. Y quiero ser feliz también con mi imperfección.

Wabi Sabi me hace sentirme bien de ya no ser rubia y de regresar a mi color negro original. Me permite caminar descalza por el morro y reírme de la chiringa de dragón que ni mi hijo ni yo logramos elevar. Me ha ayudado a bajar 15 libras sin dejar de comer y me ha devuelto la esperanza de que algún día lo que ahora me perturba finalmente va a cambiar.
Además, me ha permitido regresar a mi rutina del té. ¡Ah, el té! Ese es otro capítulo.
“Tell me, what is it you plan to do with your one wild and precious life?”
From: The Summer Day
Poem by Mary Oliver

9 de abril de 2010

Conteo regresivo

I can’t hardly wait!


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