24 de octubre de 2010

Happy days! Un asunto de actitud

Leí un artículo en el que una madre se quejaba de la tarea de llevar a sus hijas al pediatra. Contaba que le aconsejaron que cambiara la actitud y pensara en las cosas positivas que eso implicaba.

Se sorprendió al descubrir lo diferente que resultó todo cuando se dio cuenta de que le gustaba tener la oportunidad de descubrir de primera mano lo que tenían sus niñas, de aclarar dudas con el médico, de ver la cara de alegría cuando sus hijas recibían una paleta de premio y cuando las besaba y consolaba luego de una vacuna.

Si no fuera porque hablaba en plural y en femenino, hubiera pensado que era yo la protagonista de ese relato.

Si bien resulta incómoda la “logística pediátrica”, no sustituyo la experiencia de estar junto al Ismaelillo en esos momentos. Agraciadamente no está enfermo ahora, pero el principio es el mismo aún en otras instancias.

A veces estoy agotada, AGOTADÍSIMA, pero voy a rastras a sus actividades y regreso agradecida de haberlo hecho. Lo veo divertirse, sonreír, aprender y me desmayo de emoción cuando me dice: mami, gracias por traerme.

Crece rápido, tan rápido como todos los hijos de todas las madres y padres que daríamos cualquier cosa por que el tiempo nos regalara un poco más de infancia.

No quiero dejar de estar ahí, haciendo de cada momento uno feliz, sobre todo porque sé que un día me dirá: No te preocupes, mami, voy con mis amigos, ya soy grande. Y lo dejaré ir (aunque me coma las uñas), porque sé que la semilla está sembrada.