7 de septiembre de 2010

NAVEGAR

En Chile, en Isla Negra específicamente, me compré este mascarón de proa que me recibe cada noche cuando llego a mi hogar agotada o frágil (que es casi lo mismo) y me recuerda que en la vida todo es ir, que no hay que dejar de navegar.


También me acuerda a Serrat cantándole a un barquito de papel que navegaba sin timón por un canal y ese canal era un río y el estanque era el mar y navegar era jugar con el viento, era una sonrisa a tiempo.

Me gusta llegar a casa y abrir la puerta y encontrarme de frente a esa ninfa perpetuada en mascarón de proa que me invita a navegar.

No hay comentarios.: