6 de julio de 2010

Desventura

Ayer me enteré por la prensa de la muerte de Maruja Fuentes. La noticia me dejó sin palabras.

No sabía que estaba enferma, pero aunque lo hubiese sabido, la sorpresa hubiera sido la misma porque uno no se imagina que un ser tan vital, tan lleno de ideas y de brío se fugara de ese modo. Y menos con sus escasos 32 años.

Maruja no solo era hermosa, sino que tenía un talento natural para embellecer todo a su alrededor. Y a ese talento se le sumaban su admirable preparación académica y su impresionante hoja profesional.

Su creatividad se daba en un contexto de la estética moderna y práctica; sabía combinar el buen gusto con la necesidad que impone la convivencia en el entorno urbano.

Su sonrisa era una obra de arte que los que la disfrutamos seguiremos recordando con cariño. Su legado artístico será inspiración para muchos y sus enseñanzas un faro para las nuevas generaciones de artistas que emergen con su misma curiosidad y compromiso. Gracias, Rosario, por acercarme a Maruja.

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