12 de enero de 2009

Violencia cotidiana

Un viernes en la noche dos hombres enmascarados se bajaron de un auto y asaltaron una estación de peaje mientras los demás carros tocaban bocina porque la fila no se movía. Sólo los vehículos más cercanos notaron el incidente y optaron por moverse de carril para desvincularse de la situación.

Hace algunas semanas asesinaron a un hombre en el estacionamiento de Plaza las Américas y muchas personas reaccionaron sorprendidas, más que por el crimen, por el lugar y la hora en que ocurrió. Algunos lo interpretaron como una inconveniencia para sus compras navideñas; otros suspiraron porque no fue un asalto (situación a la que ellos también podrían estar vulnerables), sino otro incidente confuso que aparentaba ser una riña de otro tipo.

Cada día son más los peatones arrollados en las vías y los choques provocados por el alcohol o el exceso de velocidad. Un niño fue baleado mientras jugaba cerca de su casa y una familia amordazada y amenazada mientras saqueaban su hogar. Mientras, nos hemos convertido en espectadores de la tragedia ajena.

En el 2008 Puerto Rico sobrepasó la trágica cifra de 800 asesinatos. La violencia cotidiana nos invade. Se ha convertido en nuestra segunda naturaleza, la hemos asimilado tanto que la superamos en un suspiro. Despachamos la noticia con un ¡ay bendito! y luego cambiamos el canal o la emisora de radio. Pasamos del crimen al cd de moda en tres segundos. Hay un muerto nuevo, pero volteamos la página porque hay un especial estupendo en una megatienda y hay que aprovecharlo.

La violencia cotidiana nos toca a la puerta como una bala perdida buscando dónde aterrizar. De repente, un día cualquiera, esa bala suelta encuentra un hueco pequeño por donde colarse y descubrimos que las víctimas somos nosotros.

Ese día deja de ser ordinario y la desgracia se hace cercana. Nos llenamos de miedo y descubrimos que somos vulnerables, gritamos que hay que hacer algo, que el enemigo está suelto en la calle. Entonces se nos ocurre que nos habíamos desentendido, que teníamos que habernos involucrado antes. Queremos que se exija justicia, pero vemos con pánico como todos se voltean y siguen de largo.

Publicada el 12 de enero de 2009: http://www.elnuevodia.com/diario/columna/516580