15 de agosto de 2009

Viene tormenta

"Me acordé de las noches de agosto, en cuyo silencio maravillado no se oye nada más que el ruido milenario que hace la Tierra girando en el eje oxidado y sin aceitar. Súbitamente me sentí sobrecogida por una agobiadora tristeza" - de Isabel viendo llover en Macondo (G.G.M.)

Aunque oficialmente estamos en época de huracanes, me fastidia la idea de una tormenta tan cerca. Es agosto y mi mente se programó para preocuparse en septiembre.

Agosto es un mes pesado, me entra pereza enfrentarme a la lista de compra "pre tormenta", a la avalancha de gente arrasando con el agua y las baterías, a los avances noticiosos cada 15 minutos (que me hacen pensar que en lugar de una tormenta vienen 10), a las toallas y el mapo al pie de las ventanas, a la caja de galletas, a las calles inundadas por alcantarillas tapadas, y, sobre todo, a la báscula inclemente tres días después de las lluvias.

La noche está tranquila y silenciosa, apenas se escucha un ave nocturna, lejana. Pero lo cierto es que la tormenta Ana se acerca y es seguida por el posible huracán Bill.
En realidad no debo quejarme, peor la debe estar pasando Hillary Clinton, quien enfrentó en el Congo a su también huracán Bill. La diferencia es que ella no tuvo el tiempo adecuado para para asimilar el golpe (que luego se aclaró que no fue intencional), y se la llevó la corriente.

Mejor me preparo, no me vaya a pasar lo mismo...

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