31 de julio de 2008

Working mom

Sonido del despertador justo a las 5:30 am , periódicos y mensajes de la empresa mientras la cafetera hace su trabajo, café codiciado y espumoso, bañarme, levantar al niño y jugar a lo que quiera por 5 minutos (si se extiende el juego se atrasa el día), obligarlo a vestirse, preparar el desayuno y las meriendas, sentarme a su lado para que se coma todo el desayuno, aprovechar para lavar una tanda de ropa de cama, cambiar el disfraz de madre por el de ejecutiva, recoger los juguetes del pasillo, echar la ropa lavada a la secadora, apagar los muñequitos y taparme los oídos para evadir las protestas, mirar el reloj desesperadamente, botar la basura, enfrentarme al tráfico impredecible, llevarle el niño al padre porque se acabaron los campamentos y no puedes meterte al chico en un bolsillo ni llevarlo a tu oficina. Ya lo he intentado, pero la ecuación es mala de cualquier modo en que se ponga. Agradecer todo el trayecto hasta el trabajo el compromiso de apoyo del padre y su conveniente horario y flexibilidad de trabajo. Llegar a la oficina más tarde que los demás ejecutivos, que no se enteran de que uno también madrugó, aunque no lo parezca. Enfrentarse a la ola cotidiana de trabajo, que a veces es mucho y otras es más. Decidir, supervisar, crear, revisar, evaluar, responder, resolver, apurarme otros dos cafés, reunirme, informar, rechazar, mediar, autorizar, almorzar, llamar al niño y enterarme de que va camino al dentista porque hay que sacarle un diente, comerme las uñas porque no pude salir y acompañarlo, terminar las tareas del día con sentimiento de culpa, mirar de nuevo el reloj y prometerme que hoy no saldré después de las 7:00 pm, buscarlo, verle ese nuevo hueco en su boca que inexplicablemente le hace la sonrisa más bella, escuchar cómo fue muy valiente, ver el diente cuidadosamente guardado en una cajita que esperará al ratoncito Pérez debajo de la almohada, asegurarme de que se coma toda la comida, llenarle la bañera de agua y juguetes, fregar los trastes del desayuno y de la comida, doblar la ropa que quedaba en la secadora, barrer la cocina y el comedor, sacarlo de la bañera, echar a lavar otra tanda, dejarlo ver una película si promete no hacer un desastre en la casa mientras mamá se baña. Apagar el televisor, recordarle que ya es muy tarde, prepararlo para el sueño, poner la cajita con el diente debajo de la almohada, leerle un cuento, leerle otro porque lo pide con esa boquita mellá que es una dulzura, tratar de no cabecear ni dormitar mientras le leo los cuentos, recordar que el ratoncito Pérez NO puede quedarse dormido antes de visitar su almohada esa noche, cerrar la puerta y suspirar, recordar que hay que pagar las cuentas, echar la otra tanda a la secadora, decidir los temas del programa de televisión de la próxima semana y confirmar los recursos al día siguiente, buscar en internet información de esos temas para intentar hacer preguntas inteligentes, preparar la lista del supermercado, escoger la ropa de la oficina del día siguiente, leer a medianoche emails de los amigos que reclaman que ando perdida, ver fotos de todas las actividades que me he perdido, leer un mensaje del director de la maestría en el que me recuerda que sólo me queda un curso para solicitar tesis y que la matrícula termina en dos semanas, que no me quite, que ya los compañeros que comenzaron conmigo se están graduando, apagar la computadora sin contestar el mensaje, llorar desconsoladamente por sentirme sola, exhausta, abrumada, desorganizada, incapaz, culpable, arrepentida, abatida, responsable, turbada, confundida, frustrada, secarme las lágrimas, recordar que el ratoncito Pérez aún no pasado por el cuarto del chico, besarlo mientras duerme, decirle sin que me oiga que mamá quisiera estar más tiempo con él, obligarme a dormir, escribir antes una lista de las cosas que no debo olvidar por la mañana. Mirar el reloj a las 3:30 de la madrugada, descubrir que no será posible recuperar el sueño, encender la computadora, abrir el blog y desahogarme.

30 de julio de 2008

Boxeo

Detesto el boxeo.

Considero que no debe llamársele deporte a un acto violento en el que el público delira al ver a dos personas agredirse en un ring.

Esos enfrentamientos me parecen una variante de las luchas de gladiadores que se celebraban en los circos romanos. Ambos combates precedidos por promoción desmedida, furor de los espectadores, expectativa ante el golpe, guerreros vitoreados desde el comienzo de la batalla y la sangre y el morbo persiguiendo su máxima expresión.

Me enfrenté sin remedio con el rostro herido de Miguel Cotto, pues aparecían en todos los titulares sus ojos hinchados y sus heridas sangrantes.

Evadí la mirada confusa del púgil y me enfoqué en el texto. Me detuve en un párrafo que contaba cómo, cerca del ring, los niños de Cotto lloraban en el pecho de su madre, quién tampoco pudo evitar el llanto.

Admito que quedé más desconcertada que el boxeador. ¿A quién se le ocurre llevar niños a la pelea? Peor aún, precisamente a los hijos del protagonista, que para colmo de males fueron testigos de la golpiza que recibió su padre. ¿Qué efecto puede eso tener en esas vidas inocentes a tan corta edad? ¿Cuál era el propósito original, ver cómo papá golpeaba al otro?

Regreso a las luchas de gladiadores y a los gritos de júbilo por el “entretenimiento” de los asistentes. Pienso entonces que el boxeo se salva porque, ah, afortunadamente no es fiesta, es deporte, alguien se reivindicará. Pero, de inmediato leo en otro párrafo de la reseña una cita del boricua exclamando que le ha dado “un buen espectáculo a la fanaticada”.

No hay dudas, fui yo quien recibió los golpes. Siento que me cuentan hasta 10 y sigo tirada en la lona. Le voy a pedir al árbitro que suene la campana, me ha vencido la ignorancia.

22 de julio de 2008

19 de julio de 2008

Poema En La Brecha de José de Diego y Benitez

Oh desgraciado, si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece;
haz como el árbol seco: Reverdece;
y como el germen enterrado: Late.
Resurge, alienta, grita, anda, combate,

vibra, ondula, retruena, resplandece

Haz como el río con la lluvia: ¡Crece!
y como el mar contra la roca: ¡Bate !

De la tormenta al iracundo empuje,

no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.
¡Levántate! ¡Revuélvete! ¡Resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste!

17 de julio de 2008

Todavía, Caribe Gitano


Canción: Todavía

Caribe Gitano
Gipsy Nation Music

Hay quienes cantan por cantar y hay quienes convierten el proceso en un ejercicio de creatividad. Este último es el caso de Carlos Esteban Fonseca, Eduardo Reyes, Ruco Gandía, Ana Marta Arraiza y Aníbal Ayala.

Aquí un puñado de clásicos del repertorio hispano nos llega con vestuario nuevo en una mezcla genial de lo caribeño con el flamenco.

La producción es innovadora por su sonido e imaginativa en su interpretación. Y dentro de su sencillez es un recordatorio de cuánto se puede hacer con un clásico cuando sobra la imaginación y el buen sentido musical.

www.myspace.com/caribegitano
Reseña: http://www.prpop.org/

16 de julio de 2008

El lado oscuro del corazón


- Es muy difícil

-¿Qué?

-El amor

-[...]

-...Casi siempre el error que cometemos es pensar solo en lo que nos pasa a nosotros. Nos parece tan importante eso que sentimos, que nada de lo del otro puede ser tan importante como eso que sentimos. Y esa contradicción suele ser trágica.

11 de julio de 2008

La diva y la caballota

De entrada me veo en la obligación de aclarar varios puntos.
1. No me gusta el regguetón
2. No me gustan las canciones que incitan a la violencia
3. Nunca he ido a un concierto de Ivy Queen "La caballota"
4. Sólo he ido a un concierto de Ednita y fue porque me incluí en el viaje de dos amigas ultra fanáticas de "la diva"
5. Estipulado lo anterior, no me explico porqué me encanta este dúo...
Ah, debe ser por el título de la canción:

Te he querido, te he llorado

10 de julio de 2008

De pueblo en pueblo - Aventura en dos ruedas

Todo comenzó con la crisis del cuarto de siglo.

Un joven ingeniero, próximo a cumplir 25 años, decidió enfrentar la "peseta" con gallardía y se aventura a recorrer los 78 municipios de Puerto Rico en bicicleta. Su hazaña es mayor, ya que dependerá de la buena voluntad de los boricuas para que lo hospeden en sus hogares.

Daniel Solórzano estaba listo, pero su bicicleta mohosa no parecía muy confiable para el recorrido "De pueblo en pueblo".

Buenas noticias para Daniel, Supermercados Pueblo, como manda la lógica, se unió a la campaña…

Bicicleta y equipo nuevo en un dos por tres.

En 102 días Daniel estará de regreso con muchas millas a cuestas y con mil cuentos que compartir.

Pueden leer la historia en sus propias palabras: http://www.facebook.com/group.php?gid=17180277398

Me pregunto: ¿qué hará cuando le llegue el medio siglo?

5 de julio de 2008

Vete de mi

Mi favorita de estos dos grandes: BEBO Valdés y Diego "El CIGALA"