7 de marzo de 2008

Tanto y tan fuerte

Ya me lo habían advertido. Cuando estaba encinta, me dijeron que esa etapa era principio de dolores. Y quién lo dijo no se refería sólo a las dificultades de la crianza.

“Prepárate”, me sentenciaron, “porque vas a sufrir. De ahora en adelante te afectará todo lo malo que suceda con un menor”. – Ya me sucede, comenté. “Pero no es igual”. Quién me lo dijo sabía, porque en efecto, no es igual. Cada vez es más difícil, más duro, más intolerable.

Mi costumbre de leer los adelantos noticiosos del día siguiente vía internet, me acaba de enfrentar a una noticia desgarradora. Un incidente con cinco menores ¡de 6 a 8 años!, críos apenas, que dejará al país desecho. Yo estoy aturdida, devastada, dolida y sorprendida ante tanta perversidad. Estoy descorazonada. Tengo tanta ira, tanto dolor. ¿Cómo se calma un corazón a galope? ¿Cómo, aún con todo el sueño del mundo, puede uno irse a la cama en estas circunstancias? ¿Cómo dejar de pensar que lo más importante de mi vida tiene 5 años y está viviendo en un mundo que puede ser más cruel que la peor de las pesadillas? Estoy desconsolada, terriblemente abatida. ¿Y eso, cómo se cura?

No hay comentarios.: