16 de marzo de 2008

Quíntuples

A pesar de todos los inconvenientes que por naturaleza debo rebasar a la hora de disfrutar de un evento que añoro, mi esperado reencuentro con los Quíntuples Morrison se materializó el miércoles pasado en el Teatro de la UPR en Río Piedras. Mi noche colapsó en pleno teatro repleto y remodelado, afortunadamente mis entradas y salidas son como las de Dafne Morrison (ya entenderán al final del post), la procesión va por dentro.

Quíntuples es una pieza teatral, escrita por Luis Rafael Sánchez (de quien soy admiradora confesa) y se compone de seis monólogos interpretados por una actriz y un actor. La obra fue concebida para la representación artística de Idalia Pérez Garay y Paco Prado. Desde la muerte de Prado, ha sido representada por Idalia y José Félix Gómez. La obra parece un traje entallado sobre la silueta de ambos actores que, aunque solo al final, por breves segundos, se encuentran en el escenario, hacen acopio en solitario de sus magníficos dotes histriónicos y se apropian de las tablas con dominio absoluto de los personajes y por ende, del público.

Los Quíntuples Morrison: Dafne, Baby, Bianca, Mandrake y Carlota, junto a su padre Papá Morrison, presentan su espectáculo artístico ante los asistentes del Congreso de Asuntos de Familia. Durante el acto, los hermanos entretienen con sus anécdotas y monólogos improvisados, que eventualmente dejan entrever sus verdaderos conflictos familiares y sus vaivenes emocionales.
La obra es interactiva, por lo que los asistentes están expuestos a las travesuras coquetas de Dafne, los exabruptos de Baby, la cólera de Bianca, las crudas confesiones de Mandrake, las ingeniosas demandas de Carlota y a los piropos y solicitudes del gran divo Papá Morrison.


Dafne, mi favorita, es quien comienza la función y habla sobre el amor y sus efectos. Su experiencia la acredita para disertar sobre el tema. Sus siete maridos (más o menos), su ferocidad inigualable, su devoción hacia las novelas rosa, su espíritu asequible, su inmediatez, su coquetería rebosante y su declarada actitud liviana y mundanal la facultan para conferenciar sobre el tema del que es preciso redundar: el amor y sus efectos.

Ella es también aspirante a mito. Tiene una sonrisa espectacular, acentúa con gestos sus palabras zalameras, es dramática, juguetona, provocadora y bella.
Dafne entra y sale majestuosa del escenario (precisa el autor en sus acotaciones), como una divinidad que zarpara hacia los cielos de su absoluta propiedad. No importa su infelicidad. No importa su inconformidad con el amor que nunca es como se supone. No importa que no sea lo que quiere ser. No importa que la vida le juegue tantas trampas o que nunca llegue la estabilidad que añora; Dafne entra y sale con tono espectacular y fingidísimo.

¡Cómo no adorar a Dafne Morrison!

No hay comentarios.: