19 de marzo de 2008

El lobo, la princesa y la complicidad de Darío

De pequeña descubrí Los motivos del lobo. Bueno, descubrí el poema, los motivos los comprendí luego, más adulta. Recité en innumerables ocasiones la historia en la que San Francisco de Asís intenta domesticar al Lobo de Gubia. Declamé con voz de santo y con voz de lobo. Por pura casualidad también he vivido un poco de la misma forma.

Ese poema fue mi primer vínculo con los versos del nicaragüense Rubén Darío. En adelante, sin proponérmelo, sus poesías se me atraviesan de frente en momentos precisos en que necesito palabras prestadas, en que me urgen imágenes que atavíen mis lágrimas gastadas. Gracias, Darío.

Fragmento de Sonatina:

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

http://www.poesia-inter.net/index604.htm

1 comentario:

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Este breve texto es un tesoro, Isa. Inquietante final, que habla de un momento especialmente duro. Tres años han pasado, pero yo veo a una mujer con los ojos abiertos, capaz de sacar de ese dolor un torrente de nueva luz para su vida personal. Cuando uno ha tenido una experiencia impresionante, es fácil que nuestras palabras evoquen recuerdos e imágenes como " Los motivos del lobo ". No te basta desahogarte, ni pretender informar; aspiras a que quien te lea comparta tu estado de ánimo como Rubén Darío sintonizaba con el " corazón del mundo ".
Gran poema y fiel representante del mundo emotivo de Rubén Darío es el " Nocturno ", de " Cantos de vida y esperanza ":

"...Como en un vaso vierto mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebría de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas...
Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
la pérdida del reino que estaba en mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
y el sueño que es mi vida desde que yo nací..."

Los versos finales son estremecedores, el contraste descrito con anterioridad, - las flores, del placer, dejan como secuela la embriaguez y las fiestas dejan un poso de tristeza - traslada al último enigma: la frontera de lo que es: pudo ser y no fue. La vida es un sueño...

Gracias, querida amiga, por escribirlo. Gracias por dar un ejemplo visible de cómo hasta en el dolor, que conduce al desierto de las lágrimas, puede haber resurrección, cuando se vive con los ojos abiertos y limpios.

Un fuerte abrazo.