10 de febrero de 2008

La que viene escondida

Violeta Parra tal vez llegó al mundo escondida, (más bien inadvertida), pero se fue tras el estruendo violento de una detonación. Estaba muy joven, sólo 49 años y tanto talento, al parecer poco apreciado hasta entonces.
Después de su muerte logró lo que antes añoró; el reconocimiento pleno de su obra.
El Centro Cultural Palacio La Moneda, en Chile, inauguró en noviembre una exposición con la obra visual de Violeta Parra. La muestra titulada “Violeta Parra: la que viene escondida” está conformada por 25 óleos, 13 arpilleras y 9 obras en papel maché, y permanecerá abierta durante cinco años.


El proyecto museográfico incluye además audio de música y conversaciones y pantallas de video de la folclorista.
Tuve el privilegio de visitar la exhibición y de apreciar de cerca la fuerza creadora de esta mujer sempiterna, como la adjetivó Neruda.

Una de las letras que más me conmovió fue la de El Amor, que pone de manifiesto el dolor que produce la decadencia. Una de sus estrofas se reproduce en la foto.

Parecería una paradoja, pero Violeta también escribió el himno a la vida por excelencia: Gracias a la vida.
Aquí una muestra del poder de su letra:

“Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto y el canto de todos, que es mi propio canto”.

¡La bala siniestra arrebató demasiado!

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