20 de febrero de 2008

Eclipse en dos actos

Primer acto:
Por fin me logré un eclipse lunar. Me asomé al balcón con discreción a la hora indicada y divisé la luna atrevida frente a mí. Parecía un manjar dispuesto al mordisco. Se fue ocultando inexorablemente hasta que fue cubierta totalmente por la sombra de la Tierra.
En ese caso la luna no desaparece: sigue ahí, pero no recibe la luz del Sol.

Sé lo que se siente. Total eclipse of the heart, cantó tantas veces Bonnie Tyler. Eclipse total del amor, cantó tantas veces Lissette: "...de vez en cuando pienso que ya estoy muy cansada de estar sola y de escucharme llorar..."

Se acabó el eclipse. Dicen que, aunque fue un evento normal, será el último que apreciaremos durante esta década. Ojalá.

Segundo acto:
Eclipse viene del griego "ekleipsis", que significa desaparición. La madrugada del eclipse lunar hubo otra desaparición. Murió, de manera trágica, el gimnasta Diego Lizardi. Una sombra prematura lo cubrió sin piedad. ¡Tenía sólo 32 años! Era, además de joven, atleta, esposo, entrenador y empresario. Una vida sin vicios y con tantas posibilidades.

¿Hay explicación posible? ¿Hay consuelo posible?

“Ars longa vita brevis”
"El arte es largo, la vida breve"
Hipócrates

Fotos: Agencia EFE

A Diego lo conocí cuando estuvo de invitado en mi programa "De 0 a 15". Una de las cosas que más me entusiasmó de su relato fue cuando señaló que les agradecía a sus padres y a su entrenador el apoyo mesurado; un respaldo que él nunca sintió forzado ni condicionado a su ejecución, que de hecho, era excelente.

Las presiones se las creaba él mismo, contó, pero siempre tuvo el balance de saber que lo hacía por su propia voluntad competitiva y no porque se lo exigieran. Se dedicó luego a encaminar a la nueva generación de gimnastas y a abogar por el desarrollo de ese deporte.

Miles lloraron su partida. El arte perdura, espero que el suyo sea perpetuo.

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