26 de octubre de 2007

El viento en la isla

El viento es un caballo:
óyelo cómo corre por el mar,
por el cielo.
Quiere llevarme:
escucha cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia
rompe contra el mar y la tierra
su boca innumerable.
Escucha como el viento me llama
galopando para llevarme lejos.
Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.
Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame
y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo,
sumergido bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amor mío.

Poema de Pablo Neruda

25 de octubre de 2007

Cada loco con su tema

La soledad puede ser el más terrible de los infiernos, pero también puede ser la llave de tu propio paraíso interior...

Hay una soledad que hiere y una soledad que acaricia. Una soledad que se parece a la muerte y una soledad llena de vida.

Una soledad árida y baldía y una soledad fértil. Una soledad muda y una soledad sonora. Una soledad que es como un castigo y otra que se busca y se agradece.

Yo vengo a convertir tu oscura soledad en una soledad mágica y radiante...

Jesús Quintero es un loco, pero no cualquier loco.
Es el mejor; El loco de la colina

23 de octubre de 2007

Luis Rafael para el Cervantes o crónica de un llanto mañanero

Han nominado a Luis Rafael Sánchez para el Premio Miguel de Cervantes. Él se enteró por una llamada del periodista Mario Alegre, del periódico El Nuevo Día.

La reacción:
“Me dejas perplejo y también conmovido... no sabía nada, me estoy enterando por ti”, fueron las primeras palabras que el escritor pronuncio a través del teléfono a El Nuevo Día, luego de un silencio que pareció eterno, mientras digería la buena nueva. “Los honores, como los amores, llegan, no se buscan y esto ya te lo había comentado hace muchos años en una entrevista”.

La noticia completa se puede acceder en el siguiente enlace: http://www.elnuevodia.com/diario/noticia/cultura/noticias/luis_rafael_para_el_cervantes/301725

El periodista abunda sobre el premio, la obra de Luis Rafael, el jurado… en fin, los datos que sustentan la importancia de esa distinción. Pero yo me detengo en la frase primera, que como bien recuerda el autor y también sus amigos, ya la había dicho antes: “los honores, como los amores, llegan, no se buscan”.

Esas fotos que acompañan la edición impresa, que aunque son de archivo,
son compatibles con la reacción arriba descrita, me maravillaron. Esa alegría, ese brillo, esa sonrisa que se atreve a la emoción, esa seducción de la palabra subida al rostro, ese Luis Rafael retomado, relajado, con la capacidad de que la sorpresa lo abrace, lo libere, lo consienta, con su pose coqueta, con su manos fértiles juntas, cóncavas, protegiéndole el suspiro o tal vez la risa nerviosa, guapo, galán, impecable como Mandrake el Mago; irremediablemente bello.

Su emoción saltó de la página. Y yo, que no estaba en la foto, que no tenía que guardar compostura, ni mesura, ni recato, ni nada que me limitara el llanto, pues a todo pulmón me eché a llorar. Y es que a Luis Rafael lo quiero mucho. A veces digo que no lo quiero, pero es mentira, lo quiero mucho. Y me he alegrado lo más que se puede uno alegrar con una noticia así.

Lo conocí en el 1988 y fui su alumna en el 1989, durante su último año como profesor en la UPR Río Piedras porque luego se fue a New York. Guardo experiencias extraordinarias (que todavía me hacen reír o llorar) y consejos fundamentales que tuvo la gentileza de compartir con una alumna confundida con la academia y con la vida.


Como la vida conspira siempre a favor del encuentro, de vez en cuando aparece o aparezco en una mesa cercana desde la que se saborea una delicia criolla. Y me hace el honor del abrazo y del buen provecho. Ya él lo dijo y yo redundo: “los honores, como los amores, llegan, no se buscan”.


Felicidades, Wico. Gracias... por todo.

22 de octubre de 2007

El azar

Me encontré con una amiga que hace tiempo no veía. Digo “encontré”, como si hubiera sido que nos tropezamos en la calle y nos abrazamos… Pues no, me la encontré en la web, navegando por las mismas aguas en que yo curioseaba.
-Adivina con quién salgo
-A ver, ¿con Ricky Martin?
-ay, chica, no es para tanto… ja, ja
El fulano que se daba el gusto con esta chica divina era alguien conocido. Me sorprendió el junte.
-mira, quién menos me imaginaba –dije sin levantar la quijada
del piso
-Para que veas, me espetó, las vueltas que da la vida
Me quedé pensando… OK coincido, ¡al destino se le antoja cada cosa…!

ES CAPRICHOSO EL AZAR...
(Joan Manuel Serrat)

Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Tú estabas donde
no tenías que estar;
y yo pasé,
pasé sin querer pasar.
Y me viste y te vi
entre la gente que iba y venía
con prisa en la tarde que
anunciaba chaparrón.

Tanto tiempo esperándote...

Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Yo estaba donde
no tenía que estar
y pasaste tú,
como sin querer pasar.
Pero prendió el azar
semáforos carmín,
detuvo el autobús
y el aguacero hasta
que me miraste tú.

Tanto tiempo esperándote...

Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué,
ni me viniste a buscar

Cantan: la cantante israelí Noa y Serrat
Enlace: http://www.youtube.com/watch?v=N1V4ATd7i_c&mode=related&search=Joan%20M.%20Serrat%20en%20Tenerife%20Es%20caprichoso%20el%20azar%20Gianco%20dos%20pajaros%20de%20un%20tiro%20joaquin%20sabina

¿DE QUÉ SE REÍAN?

Alba Nydia Díaz protagoniza la obra
Frida… ¡Viva la vida!
(Foto / Archivo- El Nuevo Día / J. Ismael Fernández Reyes)
Por Isamari Castrodad / Especial El Nuevo Día
22 de Octubre de 2007

El municipio de Caguas patrocinó la reciente puesta en escena de la obra Frida… ¡Viva la vida!, en el Centro de Bellas Artes de la ciudad. Entré al teatro entusiasmada, no sólo con la idea de disfrutar la representación, sino también por la impresión favorable de ver una sala llena. Lo que viví después fue una experiencia surrealista.

Presencié dos tragedias: la primera, la vida de Frida, magistralmente interpretada por la actriz Alba Nydia Díaz; la segunda, la actitud de un público que, para mi sorpresa, demostró poseer muy escasas destrezas de apreciación.

Primero el gusto: la protagonista se apropió del cuerpo y de la vida de Frida Kahlo con la fuerza y la agonía necesarias para que la experiencia fuera sublime. Su columna vertebral profundamente lacerada y su corazón, igual de lastimado, fueron ofrecidos a la audiencia con total entrega.

Las intervenciones musicales, hilvanadas con precisión, resultaron un deleite, así como las coreografías a las que se unía una Frida utópica, renovada. La voz y proyección de la cantante, que lamentablemente no fue identificada, (de hecho, nunca nos enteramos de los créditos de quiénes intervinieron en escena o tras bastidores) merecen un reconocimiento particular. En fin, fue una producción de altura.

Ahora el disgusto: la representación escénica fue víctima de una audiencia que no pareció entender lo que estaba sucediendo en escena. No había que conocer la vida de Frida Kahlo ni el icono que ésta supone, sólo bastaba una pequeña dosis de sentido común para interpretar que su reclamo era trágico, que movía al dolor y no a la risa. Entonces, ¿de qué se reían? ¡Porque la audiencia se rió durante toda la obra! Las carcajadas salían con facilidad; si una palabra resultaba altisonante, si el personaje bailaba, si Frida evocaba a Diego, si se refugiaba desdichada en el tequila, si reclamaba, si gemía… La risa se convirtió en un coro disonante que milagrosamente no logró menguar la concentración de la actriz.

Sospecho que muchos de los presentes salieron de la sala convencidos de que habían presenciado una parodia. Tal vez fue el acento, que -aunque resultaba convincente- les hizo presumir que era una comedia. ¿Será que por reírse de la desventura es que ha sobrevivido este pueblo?
Resulta vergonzoso denunciar otros penosos exabruptos, pero hubo faltas de educación que rozaron el límite. La obra comenzó puntual y justo al principio también comenzaron a sonar los teléfonos celulares.

Si bien es cierto que no hubo un anuncio pertinente que recordara apagarlos, me parece que a estas alturas, ante una audiencia adulta, debe resultar obvio que en un espacio de esa índole no debe sonar nada que no esté relacionado con la función. De todos modos, si el teléfono de otro suena, se debe cotejar el propio para enmendar cualquier olvido. Nada justifica el festín de timbres, durante hora y media, a través de toda la sala, y mucho menos que los contestaran como si estuvieran sentados en el balcón de su casa. La administración del centro debe ser más rigurosa con este asunto. El arte, además de admiración, merece respeto.

El trabajo de infraestructura que ha realizado en Caguas el alcalde William Miranda Marín es sobresaliente, pero el espacio físico no basta. Esa noche se evidenció que hay un público ávido por insertarse en la nueva corriente cultural que propician esas iniciativas artísticas, sin embargo, hay que afinar los procesos de apreciación, para que el arte se reconozca en su manifestación correcta.

Creo que resulta evidente el próximo paso.


Enlace de endi: http://www.elnuevodia.com//XStatic/endi/template/content.aspx?se=nota&id=301130

Asuntos sin resolver

¿Cuánto tiempo nos toma ajustar las cuentas pendientes?
¿Un día? ¿Un mes? ¿Un año?
¿Nos podría tomar la vida?
¿Nos pone el tiempo en posición de que logremos el objetivo,
o cuando procuramos el tiempo como aliado
es porque nos morimos del miedo
y preferimos dilatar el asunto?

21 de octubre de 2007

Marejada feliz

Por casualidad, por pura casualidad, bailé con Roberto Rohena.

En honor a la verdad no bailé, ni sola ni con Rohena, la historia real es la siguiente: Caminaba por el Viejo San Juan con algunos amigos, en un ejercicio que hace muchos años no hacía, cuando de repente un ritmo lejano de salsa comenzó a colarse por entre los adoquines (¿acaso sería brea?).

-Ya no tocan en la Plaza San José, ahora están en Ballajá.
-Pues vamos a ver quién toca… Ah, es Rohena

No había ninguna multitud, como hubiese pensado, pero la gente se seguía acercando. La salsa toca la sangre. La salsa llama.

Ya no son los 70’s, pero el tipo está pasao’ comoquiera…

-La gente está tímida, no baila
-¿Cómo? No se oye.
-Nada, te digo después

Se lanza la primera. Ella baila sola y feliz, tan feliz que no le importa nada.
-Está encantada de haberse conocido
-Pues muy bien, la envidio

Luego, poquito a poco, todos sueltan las velas… a bailar se ha dicho. La salsa se apodera de las inhibiciones, qué buen despojo…

Todavía los envidio, no estoy en la sala de mi casa, así que no me lanzo. Además, tengo dos pies izquierdos, eso no ayuda.
-¿No bailas?
-No –me excuso – quería oír jazz…
De repente Rohena anuncia al maestro: “el master de la trompeta”.
Y el maestro me hace la noche y me tumba la excusa.

La noche se pone alegre y llega, como mandada a pedir, La marejada.

-Canten todos conmigo –ordenó el cantante.

Recordé entonces que el truco era cerrar los ojos, que bueno que soy maga, por eso fue que lo recordé. Como por arte de magia olvidé que la plaza ya se había llenado de gente, yo tenía los párpados apretados y sólo escuchaba al cantante. Decidí obedecer su mandato:
-"Marejada feliz,
vuelve y pasa por mí

aún yo digo que sí,
que todavía pienso en ti"


La marejada se repitió una, dos, mil veces… que rico.
Luego me despertaron y abrí los ojos.
-Hace calor, vamos a otra parte a tomarnos algo
-¿Nos vamos? Ok.

“Vamos bajando la cuesta
que arriba en mi calle
se acabó la fiesta”

20 de octubre de 2007

El cuervo

[...] Aunque tu cresta sea lisa y rala- le dije-, tú no eres un cobarde, espectral y antiguo cuervo, que errando llegas de la orilla de la noche. Dime, ¿cuál es tu nombre señorial en la orilla plutoniana de la noche? El cuervo dijo: “Nunca más”.
–El cuervo, Edgar Allan Poe

19 de octubre de 2007

24 horas en la vida de una mujer


Hace algunas semanas me tropecé con el libro Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig, una novela corta, que atrae precisamente por esa brevedad. Además, su ritmo narrativo es efectivo y logra mantener la expectativa del lector hasta el final. Quizás pudo ser más corta.

Esta es la historia de dos obsesiones. Un hombre y una mujer súbitamente se relacionan y a través de sus encuentros el lector descubre las pasiones que trastornan sus respectivas vidas. Durante 24 horas se acercan, se vulneran, agonizan, resucitan, ríen, gimen, desafían, se someten y se sublevan otra vez. En la hora final también descubren que sus obsesiones no eran causas, sino, consecuencias.

Uno de los aciertos de la novela es la capacidad del autor de trazar los perfiles psicológicos de los protagonistas con minuciosidad y pericia. La historia pone en evidencia la carga emocional que implica violentar los códigos morales y sociales de la época, pero ni eso ni las dos obsesiones desbocadas constituyen la verdadera miseria de los personajes. Lo trágico es constatar que no valieron la pena.

La escena final del altercado en el casino, a mi juicio, es la mejor lograda y su desenlace, demoledor. Sólo resta enfrentar, del modo menos doloroso posible, la fragilidad, la decadencia irremediable.

Boomerang

Un amigo me contaba sobre las cartas que le escribía su abuela. Mientras leía su relato me parecía estar viendo sus ojos brillosos alimentados por ese recuerdo. Me parecía ver también a su abuelo leyendo las cartas de su mujer durante el tiempo en que estuvieron separados por la distancia.

Recordé entonces las cartas que desde Buffalo, NY, en 1990, le escribí a mi abuela Josefina. No fueron muchas, tal vez tres o cuatro en varios meses. Ella no las contestaba, pero cuando hablábamos por teléfono me decía o preguntaba cosas con las que me daba a entender que las había leído.

De regreso a Puerto Rico, una tarde de septiembre de 1996, mis padres aparecieron en mi oficina, que quedaba en Carolina; a mi abuela le había dado un infarto masivo. La abeja reina alzó su vuelo.

Algunas semanas después, entre sus pertenencias, aparecieron todas las cartas que yo le había escrito. Regresaron a mí perfectamente ordenadas y conservadas. Como si eso no hubiera sido bastante, las cartas también tenían su olor.

18 de octubre de 2007

Sin redes

El reto es mantener el equilibrio.
El miedo es la caída porque no hay redes.

"Una maroma sin redes nos es maroma, no es riesgo"
LRS- Quíntuples

Asumo el riesgo...

16 de octubre de 2007

METEORO, la película

"Abandonados en medio de la nada, pero allí lo encontraron todo"

Su director, el puertorriqueño Diego de la Texera, contó a Primera Hora que esta coproducción entre Brasil, Puerto Rico y Venezuela, celebra las mezclas raciales, la tolerancia y la diversidad cultural.

La trama de la cinta se remonta a la década de 1960, justo cuando un equipo de trabajadores se ve obligado a paralizar sus labores de construcción de una carretera tras el paso de un fenómeno natural. Entonces, los trabajadores y un grupo de prostitutas que se quedan aislados en el lugar recrearán una ciudad utópica. La historia está enmarcada en el golpe militar de 1964 en Brasil, y hace referencia al plan de objetivos del gobierno de Juscelino Kubitschek.
¿Mi escena favorita?
Cuando Iracema, animada por Nova, pide un deseo en medio de una lluvia de meteoros que en la distancia se asemejan a las estrellas fugaces. Casi le temblaban los labios cuando decía que quería que le llegara el amor de su vida. Además quería que él la encontrara allí, en el desierto en que ella estaba varada, olvidada en medio de la nada. Y que fuera guapo, y que fuera poeta. Iracema pidió además otro atributo, pero presumo que ese simplemente llega por añadidura. Entonces, como un espejismo, apareció Turco, alabándole la belleza y recitándole unos versos.

15 de octubre de 2007

De naúfragos y amantes

"Son de Mar es una novela de amor, de naufragios y regresos. Todos los muertos vuelven si los llama el amante con la fuerza necesaria. El protagonista de esta novela es un naúfrago que regresa después de diez años, pero este hecho sucede también cada día en el asfalto de la ciudad. Según el manual de la resurrección, el primer requisito que se exige para resucitar es estar vivo, aunque la vida te sumerja cada día en la profundidad de los mares. En este caso siempre habrá algún amante que te llame desde cualquier orilla y tú tendrás la necesidad de volver a ella".
-Contraportada de Son de Mar

Esta obra del escritor español Manuel Vicent, fue merecedora del Premio Alfaguara en su edición de 1999. Vicent es valenciano, escritor y periodista. Además, odia las corridas de toro… me parece bien.

En el año 2001 el director de cine español Bigas Luna presentó su extraordinaria versión cinematográfica, de la que el crítico Daniel G. Frías escribe lo siguiente:
"Toda la sensualidad del Mediterráneo y el encanto de las tierras levantinas se ponen al servicio de Bigas Luna y su equipo con el fin de crear en estos escenarios la historia de uno de los triángulos amorosos más intensos y atractivos del cine español –sin olvidar al trío de ‘La buena estrella’, de Ricardo Franco-. Pero por encima del amor, de las pasiones eternas, "Son de mar’ es un canto a la belleza natural, ya sea la del mar o la de los cuerpos desnudos".

¿Por qué escribo de esto ahora? Porque Son de mar, el libro, regresó a mí.
Lo recibí hace 8 años de las mismísimas manos de su autor, y ahora lo retomo como si fuera el propio Ulises que el mar me devuelve.

¿Será la rosa?

La poesía de Angelamaría Dávila es fundamental en días como hoy. Tal vez todos los días son una repetición del mismo día, pero no nos damos cuenta. Rescato sus versos tan poderosos, su verbo que inquieta, emociona y provoca, aún al espíritu más incólume.

¿Será la rosa?
¿Será el trámite
de la sombra debajo de los pétalos?
¿Será la rosa
o será la espinísima ferocidad de a diario?
¿Será la rosa,
será tal vez el pétalo desnudo y transitorio?
¿Será la rosa
con su gota de siempre en la mañana,
o será que una lágrima se encargade refrescar las flores ilusorias,
o será que una gota de polvo
descansa en la mañana de un sol desaliñado
sobre una hoja imaginaria,
sobre una yerba
imaginariamente reptando por el polvo?
¿Será que uno no entiende
que a esos hoyitos cogidos en la calle
de camino a la escuela
podría tal vez darles con ponerse de acuerdo
para inventarse jugar a ser abismos?
Será que uno no entiende
que deshojarse a diario
no impide echar raíces
ni detiene el imperio constante de la tierra,
ni el temblor de ser pájaro
tragando a bocanadas el aire por las alas.
Será que uno no sabe
o que no está seguro
de que el agua son flores diluidas;
¿será el tremendo recuerdo de la flor en el aire
como agua detenida?
¿será la rosa
olida y sorprendida por los ojos,
brutalmente fugaz;
tocante tocadora
tocada para siempre su armonía
por el recuerdo musgo de su historia
por el recuerdo feroz y demarcadode su huella difusa y siempreviva;
por el recuerdo punzante y afilado detrás de cada espina
de cada esquina,
de cada ruina diluida en distancia y asombro?
Será la rosa dura en pie de lucha,
será seguir hablando palomas,
diciendo caracoles,
haciendo verbos simples para mover los nombres,
como decir: la luna está en cuarto menguante;
y ayer, o en estos días por la calle
me encontré aquel tornillo viejo y largo
que parecía un quijote moderno y milenario.
¿Será la hospitalaria región desconocida
que nos recibe con sábanas dobladas,
una sonrisa, un fuego elemental
alimentando el agua que alimenta,
que pone alfombras viejas para los pies recientes
de espinas y caminos?
¿Será la rosa
será el concreto armado,
será la tierra oliendo a simple lluvia,
será la garrao el hueco de la mano,
la sombra devorando la luz que no termina,
el destello total
inaccesiblemente amenazado?
Será que hay muchas noches con sus días en orden
recordando eficaces cómo andamos
alternando los pies,
y con la manos
y hasta con la cabeza
si es que nos cerca de lejos el peligro,
si es que nos enamoran la distancia y la sombra,
flores en transiciones y aguas turbias;
si se nos aglomeran las espinas
para formar la lanza inacabable
que violente los pájaros,
que amenace los ojos que se nutren
de los animalitos;
o tropiece con todas las canciones
que tiemblan en el aire,
será, me digo yo,
que se nos acumulan en uno de esos días,
o en varios de esos días,
o un poquito de tal vez todos los días,
el susto y el asombro de encontrarnos
con tanta cosa junta,
con tantísima cosa
que uno dice en un grito y una lágrima
que habita entre los huesos;
¿será la rosa?
será que uno no entiende,
serán esos hoyitos de que hablábamos,
será la tierra oliendo
la garra, o el meñique, o el hueco de la mano
el destello total, el agua fuego,
este montón de cosas, todo esto.

6 de octubre de 2007

Eso es el amor

Ayer El Nuevo Día publicó la historia de la doctora Emma V. Cintrón. Esta psicóloga familiar se dio a conocer públicamente como columnista de prensa en temas de consejería.

La doctora Cintrón tiene actualmente 81 años y contó, entre otras cosas, que se casó a los 21… tiene 60 de casada!!! Pero eso, que de por si tiene su mérito, no es lo más que me llamó la atención.

Luego de su matrimonio abandonó los estudios y tras el eventual nacimiento de sus dos hijas, se dedicó, por 19 años, a la tarea de ser ama de casa, madre y esposa. ¡A los 40 años decidió regresar a la universidad!

“Corrido, corrido, corrido, sin parar, terminé mi bachillerato, estudié la maestría y luego completé el doctorado en psicología”, dice.

Doña Emma estableció su oficina en su propia casa en San Germán y hace apenas dos meses dejó de practicar su profesión.

Hasta aquí todo parece maravilloso, pero (llámenme ilusa) la mejor parte está al final… El reportaje concluye con el siguiente comentario:

(Doña Emma)… reserva parte de su energía para otra tarea muy importante: lucir bien. Coqueta, revela que quiere estar de punta en blanco “desde que me levanto”. “La verdad es que hay que tener al marido enamorado, y a él le encanta como me veo. Qué bonita, qué bien te ves, me dice. Y a mí me encanta que me lo diga. Así que me visto para él mayormente porque ahora no salgo tanto...”

Entonces pienso: No es la coquetería, no es la vanidad ni el sentido estético… es el amor. Después de 60 años de matrimonio quiere que el marido la vea linda, eso la ilusiona. Y él la halaga.

Eso es el amor.

5 de octubre de 2007

Radiografías imaginarias

Cuenta el escritor Eduardo Galeano, en su libro “Días y noches de amor y de guerra”, la anécdota de un escultor que recibía visitas de niños en su taller y en una ocasión comenzó a transformar, frente a ellos, un bloque de granito en la escultura de un caballo.

Los chicos partieron de vacaciones y a su regreso, el artista les mostró la figura terminada. Uno de los niños lo sorprendió al preguntarle, con evidente asombro, que cómo él sabía que dentro de aquella piedra había un caballo…

Hay mucho talento en nuestra Isla y, por fortuna, también hay muchos seres con la capacidad de identificarlo; personas con la habilidad de hacer radiografías imaginarias para ver más allá de la materia. Pueden descubrir aptitudes, mostrar perspectiva, identificar destrezas y contagiar vocaciones.

Los maestros y maestras del sistema de educación del país (público y privado) tienen una de las profesiones más nobles, pero a la vez, una de las menos remuneradas o reconocidas del campo profesional.

Se enfrentan a diario con niños y jóvenes que están creciendo en una sociedad asediada por la violencia, el consumo, los hogares disfuncionales y el acoso de la prisa, la dichosa urgencia que nos acelera hasta la reflexión. Todo eso modifica, por más que lo queramos evadir, la conducta colectiva. Los grupos nunca son homogéneos, por lo que el reto es mayor.

Sin embargo, en medio de ese panorama arrollador, estos héroes magisteriales emergen como figuras mitológicas. Casi siempre desde el anonimato, logran transformar las paredes del aula en un universo de posibilidades para que en el futuro, alguno, o todos sus estudiantes, logren volar.

Los maestros no sólo logran ver el caballo dentro de la piedra, también son capaces de transformar el carbón en diamante. Y no se jactan de ello.

Publicado el 5 de octubre de 2007- El Nuevo Día