7 de noviembre de 2007

Chile I

Es la una de la mañana en Viña del Mar. La noche está helada, igual que mi corazón. Desde mi ventana veo cientos de luces encendidas, tal vez haya muchos otros desvelados, que al igual que yo, se refugian en la idea de que no son los únicos. La corriente fría del Pacífico puede tener efectos terribles sobre los cuerpos débiles. Mi noche se ha vuelto dolorosa. Debe ser la cercanía inevitable al extemo del polo, debe ser el calentamiento global, o quizás de nuevo sea la rosa. Eso, otra vez será la rosa.

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