5 de octubre de 2007

Radiografías imaginarias

Cuenta el escritor Eduardo Galeano, en su libro “Días y noches de amor y de guerra”, la anécdota de un escultor que recibía visitas de niños en su taller y en una ocasión comenzó a transformar, frente a ellos, un bloque de granito en la escultura de un caballo.

Los chicos partieron de vacaciones y a su regreso, el artista les mostró la figura terminada. Uno de los niños lo sorprendió al preguntarle, con evidente asombro, que cómo él sabía que dentro de aquella piedra había un caballo…

Hay mucho talento en nuestra Isla y, por fortuna, también hay muchos seres con la capacidad de identificarlo; personas con la habilidad de hacer radiografías imaginarias para ver más allá de la materia. Pueden descubrir aptitudes, mostrar perspectiva, identificar destrezas y contagiar vocaciones.

Los maestros y maestras del sistema de educación del país (público y privado) tienen una de las profesiones más nobles, pero a la vez, una de las menos remuneradas o reconocidas del campo profesional.

Se enfrentan a diario con niños y jóvenes que están creciendo en una sociedad asediada por la violencia, el consumo, los hogares disfuncionales y el acoso de la prisa, la dichosa urgencia que nos acelera hasta la reflexión. Todo eso modifica, por más que lo queramos evadir, la conducta colectiva. Los grupos nunca son homogéneos, por lo que el reto es mayor.

Sin embargo, en medio de ese panorama arrollador, estos héroes magisteriales emergen como figuras mitológicas. Casi siempre desde el anonimato, logran transformar las paredes del aula en un universo de posibilidades para que en el futuro, alguno, o todos sus estudiantes, logren volar.

Los maestros no sólo logran ver el caballo dentro de la piedra, también son capaces de transformar el carbón en diamante. Y no se jactan de ello.

Publicado el 5 de octubre de 2007- El Nuevo Día

2 comentarios:

Juan Félix dijo...

Me encantó cuando lo leí en el Nuevo Día. Lo acabo de releer y me sigue gustando. !Felicidades!

Isa dijo...

Gracias,Juan. Me quito el sombrero ante quienes tienen el don y responden al llamado.