19 de octubre de 2007

Boomerang

Un amigo me contaba sobre las cartas que le escribía su abuela. Mientras leía su relato me parecía estar viendo sus ojos brillosos alimentados por ese recuerdo. Me parecía ver también a su abuelo leyendo las cartas de su mujer durante el tiempo en que estuvieron separados por la distancia.

Recordé entonces las cartas que desde Buffalo, NY, en 1990, le escribí a mi abuela Josefina. No fueron muchas, tal vez tres o cuatro en varios meses. Ella no las contestaba, pero cuando hablábamos por teléfono me decía o preguntaba cosas con las que me daba a entender que las había leído.

De regreso a Puerto Rico, una tarde de septiembre de 1996, mis padres aparecieron en mi oficina, que quedaba en Carolina; a mi abuela le había dado un infarto masivo. La abeja reina alzó su vuelo.

Algunas semanas después, entre sus pertenencias, aparecieron todas las cartas que yo le había escrito. Regresaron a mí perfectamente ordenadas y conservadas. Como si eso no hubiera sido bastante, las cartas también tenían su olor.

2 comentarios:

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Hola, Isa. Me estoy poniendo al día del blog, como un fiel seguidor debe, pero sin un orden establecido. Me ha llamado poderosamente la atención este texto.
Hay algo misterioso en la nostalgia. Pero, ¿ qué significa esa nostalgia ? ¿ Es el deseo de un maravilloso ayer ya desaparecido ? No, no se trata de eso, no es el dolor del regreso, cual " boomerang " . Tampoco el agridulce sabor de unos tiempos hermosos ya pasados, dulce por su hermosura y por su huída agrio. Es otra cosa. Es como si rascases con tus uñas, por primera vez en la vida la eternidad. Sólo el recuerdo aclara lo vivido, explican aquellos silencios que se escurrían como un pez cada vez que intentabas apresarlos. Pero hay en todo algo más, una escondida sensación de estar pulsando alguna tecla extraña en el piano del misterio, tocando un enigmático acorde que escapa a las reglas del mundo y suena a transcendencia.

¿ Sabes ? Creo que soy de las pocas personas que todavía siguen escribiendo " cartas de las de siempre ". Internet y el móvil permiten una comunicación continuada e inmediata, y da a los mensajes un tono rápido y coloquial que se contagia a la disposición de cada uno. Es curioso, en la época de las comunicaciones, del auge de los medios citados, resulta que el hombre está más aislado que nunca. Es una paradoja que digan que cada vez se comunican más las personas.
La carta es diferente, más manual, recoge el pulso y el temblor y las pausas que uno hace para mirar alrededor. La carta también es doblar el papel, introducirlo en el sobre, poner dirección y sello y meterlo en la boca buzonesca. Un ritual que desaparece. Ya ves,cara amiga, hoy siento nostalgia incluso del presente...

Isa dijo...

Trascendencia, creo que sí, que se trata de eso; de ir tras lo trascendental y, paradójicamente, tratar de apresarlo… Qué bien que escribas cartas “normales”, los emails son rápidos y prácticos, pero NO son cartas, no tienen ni la gracia ni el gusto que tiene una carta ensobrada y mucho menos sustituyen la agradable sorpresa que se obtiene al abrir el buzón y encontrar correspondencia personalizada.
Un abrazo.