19 de octubre de 2007

24 horas en la vida de una mujer


Hace algunas semanas me tropecé con el libro Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig, una novela corta, que atrae precisamente por esa brevedad. Además, su ritmo narrativo es efectivo y logra mantener la expectativa del lector hasta el final. Quizás pudo ser más corta.

Esta es la historia de dos obsesiones. Un hombre y una mujer súbitamente se relacionan y a través de sus encuentros el lector descubre las pasiones que trastornan sus respectivas vidas. Durante 24 horas se acercan, se vulneran, agonizan, resucitan, ríen, gimen, desafían, se someten y se sublevan otra vez. En la hora final también descubren que sus obsesiones no eran causas, sino, consecuencias.

Uno de los aciertos de la novela es la capacidad del autor de trazar los perfiles psicológicos de los protagonistas con minuciosidad y pericia. La historia pone en evidencia la carga emocional que implica violentar los códigos morales y sociales de la época, pero ni eso ni las dos obsesiones desbocadas constituyen la verdadera miseria de los personajes. Lo trágico es constatar que no valieron la pena.

La escena final del altercado en el casino, a mi juicio, es la mejor lograda y su desenlace, demoledor. Sólo resta enfrentar, del modo menos doloroso posible, la fragilidad, la decadencia irremediable.

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