4 de julio de 2007

Los que nos cuidan


¿Quién nos cuida del que nos cuida? No es un trabalenguas. En todo caso, sería un acertijo o una pregunta retórica.

Los medios de comunicación reseñan a diario casos que ponen de manifiesto lo deteriorado que anda el principio de la confianza. Y no hablo de la “confianza estereotipada”, tipo concurso de belleza, en la que todas las candidatas aborrecen la hipocresía. No, me refiero a la creencia en que una persona o grupo será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación y pensamiento.

¿Quién nos protege del que se supone que nos defienda? Sobran los ejemplos en las diversas categorías. Un policía ha sido cómplice (o autor) de un atraco a un camión blindado, en el que, de hecho, fue tiroteado otro agente del orden público. Investigaciones locales y federales evidencian, de manera contundente, la corrupción política del país. Muchos ya cumplen sus sentencias y otros, nerviosos, aguardan. Sorprenden también las presiones a las que someten a un alcalde para que le cobre al pueblo un impuesto que el ejecutivo municipal admite que no es necesario.

Nos topamos en la prensa con fotos de líderes empresariales, cívicos y religiosos que han violentado descaradamente los conceptos más básicos de la ética y de la fe. Nos agobian con historias desgarradoras de abusos hacia menores por parte de sus progenitores; padres y madres que nunca comprendieron su verdadera función.

Todas las figuras mencionadas tenían como tarea custodiar, proteger, defender, preservar, velar, salvaguardar… ¿Cómo más se explica?

Lo peor es que ya no nos sorprende. Ya no nos quedamos con la boca abierta y la quijada en el piso, incrédulos, ante la noticia. Eso es mala señal. Por eso insisto: ¿Quién velará al que le toca cuidarnos?

Publicado el 4/julio/07, en El Nuevo Día

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