22 de junio de 2007

En una calle de Santurce

Pasaba por la avenida Ponce de León y me detuvo el tapón, siempre hay tapón en algún tramo de esa vía. De pronto, me percaté de que varias personas que caminaban por la acera izquierda se movilizaron para auxiliar a una señora que se había caído.

La mujer del suelo se quejaba con la voz y con el rostro. Pedía ayuda para levantarse. Las tres socorristas lo intentaron, pero no pudieron. Miraban alrededor, pero los ocupantes de los carros detenidos, al igual que yo, sólo curioseaban. A ninguno se nos ocurrió bajarnos un instante, después de todo, ya estábamos atrapados en la furia vehicular urbana…

De pronto, un auto bastante deteriorado con cuatro hombres adentro, se acercó por el carril exclusivo de la AMA. El carro se detuvo de golpe frente a las damas. El conductor asomó su cabeza por el cristal, dijo algo breve y enseguida les hizo un gesto a sus acompañantes.

“Un asalto”, pensé. -Esa pobre mujer se acaba de caer y ahora la van a asaltar, que fuerte. Me puse tan nerviosa que no podía ni siguiera conseguir el celular en la profundidad de mi cartera.

Ya había empezado a marcar el 9-1-1 cuando vi a los cuatro hombres corpulentos bajarse simultáneamente del vehículo. Se me escapó un grito que bramó al unísono con mi bocina. Algo tenía que hacer para impedir el abuso…

Aquellos hombres recios ni siquiera se inmutaron con mi estrategia. Con una gracia ajena a su físico, levantaron del piso a la accidentada y ofrecieron su vehículo por si la herida ameritaba socorro médico.

Yo, en cambio, recibí miradas de desprecio por tocar bocina. Todos pensaron que me quejaba por el tapón mientras una señora yacía en el piso adolorida. Ante la imposibilidad de justificarme, desvié la vista y me mordí la lengua. Los siguientes segundos, lo juro, se me hicieron eternos.

2 comentarios:

-Solo Yo dijo...

Sabido es que no todo es como luce a simple vista.

A veces, más bien con alguna frecuencia, lo que parece complejo no lo es tanto. Lo que parece insalvable, tiene esperanza, como en la columna del aguacate. No hay respuestas correctas ni verdades absolutas, como ilustras en la columna en que te describes cremita.

Es cuestión de cerrar los ojos y atreverse a soñar, como en tu columna de la imaginación; de mirar con detenimiento los sucesos y las circunstancias antes de llegar a conclusiones precipitadas; de dejarse llevar en alguna que otra ocasión por el instinto y el corazón, más que por la razón y los aires de pesimismo que a veces, sin darnos cuenta, arrastramos.

Es entonces que, con un poco de esfuerzo y suerte, es posible ver más allá y descubrir realidades insospechadas, derrotar esquemas arraigados y darse cuenta de que hay acontecimientos maravillosos por descubrir al alcance de la mano.

Lo importante es no apresurarse a tocar la bocina, para no acabar teniendo que morderse la lengua.

Isamari dijo...

Solo yo:

A veces tardamos en aprender. Me he mordido la lengua tantas veces!
Gracias por pasar por aquí.
isa